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Catalina Ruiz-Navarro 27 Mar 2013 - 11:00 pm

Amigos con derechos

Catalina Ruiz-Navarro

En su libro Las Bodas de la Semejanza, uniones del mismo sexo en la Europa premoderna (Villard Books, 1994), el profesor de historia medieval en la Universidad de Yale, John Boswell, argumenta que el matrimonio igualitario no es ajeno a los rituales cristianos antiguos.

Por: Catalina Ruiz-Navarro
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 Boswell habla de un ritual practicado por la Iglesia cristiana ortodoxa llamado adelphopoiesis, que significa “hacer hermanos” y que consiste en la unión de dos grandes amigos del mismo sexo, usualmente hombres, por medio de un acto de liturgia religiosa.

El ritual fue descrito en 1914 por el teólogo, matemático y filósofo ruso Pavel Florensky. Florensky estaba especialmente interesado en estudiar las formas del amor cristiano, que para él iban desde la amistad hasta un amor universal, y por eso llegó a esta ceremonia y documentó casos de parejas “hermanadas” que fueron enterradas juntas con inscripciones de amor eterno sobre sus lápidas. Entre ellos, los mártires san Sergio y san Baco, dos importantes militares del emperador Maximiano.

Como antecedente a estas uniones, Boswell presenta a Harmodius y Aristogeiton, un par de atenienses que fueron conocidos como “los tiranicidas” por matar al tirano Hiparco y de esa manera se convirtieron en un símbolo de la democracia. También habla de ejemplos en la literatura: Niso y Euralio en la Eneida; Zeus y Ganímedes en la mitología, y menciona ese amor de Sócrates y Alcibíades que, a juzgar por El banquete, estaba muy lejos de ser platónico.

En su libro El amigo (Cambridge University Press, 2006) el historiador Alan Bray habla de un importante descubrimiento en la capilla del Colegio de Cristo en Cambridge: una tumba compartida por dos hombres, John Finch y Thomas Baines. La tumba muestra un elocuente retrato de ambos hombres unidos por un lazo anudado. Bray descubrió que en vida describían su unión como un connubium o matrimonio. El monumento muestra que hubo un tiempo en que la Iglesia de Inglaterra bendecía este tipo de uniones sin mayores controversias. El amigo explora los límites entre la amistad y la familia desde el año 1000 hasta el siglo XIX y las muchas maneras en las que la cultura occidental ha consagrado el amor entre dos personas.

Es importante aclarar que estas uniones entre parejas del mismo sexo no son exactamente lo mismo que el matrimonio igualitario, pues la adelphopoiesis se tomaba como una unión espiritual y no necesariamente sustentada en el amor romántico. Sin embargo, estos hallazgos históricos muestran que no es una novedad descabellada exigir el derecho a un amor público y oficial, sea entre amantes o amigos o ambos. Boswell acierta al señalar que la conexión del amor romántico es particular del mundo occidental y que las uniones maritales son subjetivas y cambian en su función y propósito en el tiempo y de acuerdo a cada cultura. Bray, aun siendo activista por los derechos de la comunidad LGBTI, se esmera por dejar las suspicacias homoeróticas por fuera de su libro, pero no porque descarte que estas uniones tuvieran dimensiones románticas, sino porque lo verdaderamente importante, tanto en su investigación como en el matrimonio igualitario, son las formas públicas del afecto privado, más interesantes, sin duda, que el morbo pornográfico por las manifestaciones de esos afectos en lo privado.

  • Catalina Ruiz-Navarro@Catalinapordios / | Elespectador.com

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