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María Elvira Bonilla 9 Dic 2012 - 11:00 pm

Andrés en París

María Elvira Bonilla

El aroma de Cali, sus olores a cadmia y a mugre, sus sonidos estridentes y bulliciosos, la fuerza y la vitalidad de esa ciudad sin tabús ni tapujos, que nunca ha intentado mostrarse como lo que no es, llegó a París a través de la pluma de Andrés Caicedo.

Por: María Elvira Bonilla

Pienso en los adolescentes y jóvenes franceses enfrascados en la jerga musical de ¡Que viva la música!, identificados con la irreverencia y la trasgresión de los personajes que, como la protagonista, María del Carmen Huerta, son de carne y hueso y están por ahí en las esquinas, no sólo de Cali sino del mundo.

Trato de descifrar por qué esta novela llena de códigos locales, situada en un punto perdido de la geografía suramericana, en Cali, ha logrado trascender fronteras hasta lograr la universalidad con la que cualquier escritor sueña. Con la que soñó Andrés, seguramente, mientras le arrancaba las palabras al duro teclado de su máquina de escribir antes de alcanzar, porque así lo escogió, a ver su novela en las manos de los lectores que pasarían a ser miles y ahora hasta en francés. El ritmo frenético y vertiginoso de su corta existencia de 25 años, transformado en palabras llenas de fuerza construidas adrede, contagiado de la musicalidad de la salsa que se convirtió en una urgencia vital de compañía, lo convirtieron en un escritor urbano y del mundo.

“A los veinte años ya parecía fatigado como quien está de regreso de todas las cosas. Imagino los días finales”, escribía el escritor caleño Bonar. “Su silenciosa desesperación enfrentado a un mundo de injusticias. Su protesta contra sí mismo por no lograr expresarse adecuadamente. La angustia que se nutría de su enfermiza sensibilidad. Andrés sabía, seguramente, que estaba predestinado a ser el que siempre huye de sus circunstancias. Estaba obligado a vivir su época, él, que nació para ser un hombre intemporal”. Y lo logró.

Y su narración angustiosa y original llegó a París 35 años después de haber conocido la luz en Colombia. Andrés Caicedo, la mítica Cali, lúdica que ha sobrevivido bajo el signo liberador de la salsa y la novela ¡Que viva la música! se tomaron varias páginas del periódico Libération en un extenso artículo publicado en dos entregas los pasados 20 y 21 de octubre, escrito por el traductor francés Bernard Cohen. Cohen, contemporáneo de Caicedo, quien vivió los años 70 salpicados de marxismo, drogas y rock & roll, se sumergió en esa Cali que está ahí, invisibilizada hoy por los clichés y las satanizaciones contemporáneas.

Caicedo fue el primero en entender premonitoriamente que la salsa llegada al ritmo de los inmigrantes negros del Pacífico determinaría no sólo la existencia cultural de Cali sino que sería la arteria vital, el hilo capaz de construir un tejido social resistente hasta convertirse en el punto de encuentro de la ciudad. Cohen entendió además, cuando recibió el libro de las manos de la directora de la editorial francesa Belfond, que estaba ante una obra llena de fuerza, capaz de contactar el alma adolescente de cualquier muchacho en cualquier ciudad, como también lo han hecho los editores de Penguin Classics, quienes le darán vida a ¡Que viva la música! en inglés el año entrante en Londres. Andrés estaría feliz porque publicar lo apasionaba tanto como escribir. Y por eso, nada quiso dejar guardado.

  • María Elvira Bonilla | Elespectador.com

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magamboaga

Lun, 12/10/2012 - 20:06
"Cali es una ciudad que espera, pero no le abre las puertas a los desesperados". Y yo sí que estoy desesperado, me quiero ir para la feria, bañarme en el Pance, ir a la plaza de toros y comer chontaduro en la avenida sexta..., con todo y lo llevada que está la Sultana.
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rodrigoh

Lun, 12/10/2012 - 10:47
Excelente libro y lo mejor esta llegando al final, el dacalogo del buen comportamiento, segun Andres, un revelde con mucha causa.
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rhinoceros

Lun, 12/10/2012 - 10:22
Es verdad "doloresthomas", de ese Cali pasado y glorioso no queda sino el polvero y la mueca indignante de unos pocos que siguen por ahí liderando colectivos literarios y premiando a sus malos escritores con dineros públicos (me refiero al concurso Jorge Isaacs que se convirtió en un fortín de clientelistas y oportunistas de la cultura. 10 millones de pesos que van a dar a veces a los más mediocres pero que por ser amigos de... salen ganando). Lo lamento por Cali y sus ruinas.
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Anticlientelistascorruptos

Lun, 12/10/2012 - 09:25
Importante llegada de Caicedo a la Europa en crisis y angustia existencial. Que descubran algo más que la moda de Gabo.
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Ocossa

Lun, 12/10/2012 - 09:16
¿Y pensar que este libro no será parte de la colección de 10 volúmenes que editará Mincultura, pese a la "cuidadosa curaduría"? Pero sí estará el lamentable "Paraíso Travel" de Franco. Doloresthomas debiera leer a Julio César Londoño, Fernando cruz y Timothy Keppel, para que vea que la lieratura en el Valle está bastabte viva.
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Gonzalvo

Lun, 12/10/2012 - 08:38
Y el epílogo de la columna , es que Caicedo si viviera, no hubiera podido escribir , por contestario, en Kien Ke, durante la dirección de este medio por la columnista.
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doloresthomas

Lun, 12/10/2012 - 00:37
Vivir de glorias pasadas. ¿Dónde están los nuevos escritores caleños? ¿Dónde los artistas? Es tristísimo comprobar que en Cali se proyectaban más y mejores películas en 1970 de las que se ven hoy, en pleno siglo XXI (¡una ciudad de 2 millones con un puñado de multiplex de cine comercial, y una raquítica sala de buen cine en la Tertulia). Había más librerías, existían lugares realmente interesantes para la cultura como el Tita Ruffo, y en Bellas Artes y los cineclubes había una discusión frenética que, en gran medida, fue la que nutrió el talento de Caicedo. Ausente el soporte, no es de extrañar que lo único que sale de Cali hoy día son narcos, putas, presentadoras de noticiero y cantantes de reggetón.
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ragd

Dom, 12/09/2012 - 23:18
si andres viera hoy este caos y este muladar que es cali, ni su juanita dientesverdes podria evitar que se suicide nuevamente. Cali una ciudad decadente, anclada en un supuesto reflejo cultural de la salsa, genero moribundo, anquilosado y hasta atrazado...como la ciudad; si viera la invasion de la negramenta del pacifico que solo nos ha traido su desarraigo, su pobreza su violencia y su incultura, que se refleja en una ciudad de gentes agresivas, desordenadas, anticivicas, veria una ciudad y una region manejadas por cualquier pelagatos pero menos por un vallecaucano o un caleno, que se ha reflejado en corrupcion y pillaje, me taria de ver el callecaucanibalismo; de leer tanto periodisticucho salamero y lambon que opina segun le tiren el hueso..pobre andres, dejenlo asi
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