Por: Daniel García-Peña

Año nuevo, vida nueva

EL SOL BRILLANTE FUE EL PERFECTO telón de fondo para el nuevo amanecer que significa la posesión de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá.

El acto estuvo lleno de simbolismos: la instrucción dada por el aún alcalde electo de remover las vallas que separaban de las secciones reservadas para los invitados especiales a miles de personas que habían llegado a la Plaza de Bolívar, algunas por curiosidad y otras con la conciencia de querer ser testigos de la historia. Las palabras de apertura a cargo Carmen Palencia, vocera de las víctimas del despojo de tierras, claro mensaje de las prioridades de estos tiempos. La presencia cómplice de Angelino, a la vez vicepresidente y compañero de luchas. Y, sobre todo, Antonella Petro, que se robó el show, recordándonos que en últimas los más importantes de todo lo que ahí acontecía son las nuevas generaciones.

Pero quizá la imagen que mejor ilustra el significado del día fue el de Clara López colocándole la banda de la Alcaldía a Gustavo Petro, un traspaso de poder lleno de ironía.

Todos coinciden en que Clara no lo hizo mal y que logró ponerle una buena cara a los múltiples descalabros de la administración saliente. Es innegable que en los gobiernos del Polo se lograron avances importantes en educación, alimentación e inclusión en materia de género y diversidad sexual, entre otras. Pero los hechos también revelan una predilección por el asistencialismo, timidez frente a la participación ciudadana y, sobre todo, connivencia con las viejas prácticas del clientelismo. Los ocho años de ‘Lucho’, Samuel y Clara fueron quizá gobiernos de transición hacia lo que la gran mayoría reconoce como el primer verdadero gobierno de izquierda en Bogotá, curiosamente con la excepción del oficialismo del Polo (algunos de los más rabiosos incluso califican a Petro de derecha).

Como nos hemos acostumbrado en Colombia y en el mundo a ver cambios extremos de lo que se dice en campaña a los discursos de posesión, lo más novedoso de la alocución de Petro es que no dijo nada nuevo. Profundizó los conceptos complejos con los cuales convocó al electorado bogotano a acompañarnos en las urnas, como la gobernanza del agua, la revitalización urbana, la lucha contra la segregación social, el cuidado integral de la primera infancia, la democratización del saber y los retos y oportunidades que nos impone un mundo cada vez más globalizado. Es muy diciente que lo más sonado haya sido el adiós a las armas que ha inspirado la lucha política de Gustavo desde hace más de dos décadas; muestra que el desarme sigue siendo un propósito revolucionario en una Colombia aún signada por la violencia.

* * *

Me honra haber sido invitado a hacer parte del equipo de gobierno distrital, en el tema de relaciones internacionales. Por ello, a partir de hoy me veré en la obligación de suspender esta columna, que me ha traído muchas satisfacciones y hasta un premio Simón Bolívar. Agradezco sobre todo a Fidel Cano, que con generosidad, a lo largo de los años, siempre me ha abierto este valioso espacio de expresión. Por ello, más que un adiós, prefiero decir hasta luego.

[email protected]@danigarciapena

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel García-Peña