Publicidad
Diana Castro Benetti 5 Jul 2013 - 11:00 pm

Antes y después

Diana Castro Benetti

Siempre hay un antes y un después. Cosas del movimiento y del cambio. Pero cuando se trata de grandes transformaciones los antes se van atando a los siglos y los después no acaban de parirse a sí mismos.

Por: Diana Castro Benetti

Con todo y el futuro soñado por miles, entrar en nuevos paradigmas no resulta tan fácil. El pensamiento se ancla a viejas estructuras como si fuéramos extraterrestres en una Kon-tiki, toda emoción recuerda un evento arcaico y traspasar las fronteras de la física o la matemática requiere más que horas de ratón de biblioteca.

Los cambios de paradigmas los reclaman muchos y cada cual desde su orilla. Antes era el futuro que no llegaba, hoy es lo inmediato el que gobierna. Antes era la distancia y una línea recta, hoy son las curvas y los universos paralelos. Antes era la fuerza de una fe ciega, hoy son las evidencias de un pensamiento asertivo. Antes era la obligación de un hasta que la muerte los separe, hoy es el amor diverso. Antes era la caridad para lavar las culpas, hoy es la compasión consciente. Antes era la norma aplicada sólo para algunos, hoy es la igualdad en los derechos. Antes era la autoridad sin visión, hoy es la voz y el bien común. Antes era la máquina, hoy es la entropía. Antes era la inevitabilidad de la muerte, hoy es el retorno desde el más allá. Pero mientras nos vistamos de verdades absolutas, individualismos, líderes baratos, competencias y exclusiones, el cambio será sólo bailoteo en una misma baldosa.

Una nueva dimensión de lo humano requiere alterar la causa y el efecto, reconocernos en la interdependencia, respirar desde la generosidad y renovar el espacio de lo íntimo para huirles a las trampas de familias que cohíben o de amores de futuros llenos de ausencias y no de presencias. Hoy, en las calles, las casas y los cuerpos, se abren los cambios que propician la equidad y que apuntan a cimentar la solidaridad y el amor por la tierra o el aire limpio. Por eso, muchos que caminan conscientes de su anonimato van haciendo el oficio con acciones que demuestran día a día que las relaciones, la política, la nutrición, el sexo, la belleza, el afecto, los orgasmos, las celebraciones, los ruidos, las imágenes, las palabras, los acuerdos, los ciegos, los inválidos, los ancianos, el sol y las nubes, pueden ser soñados distintos. Son a esos a los que hay que escuchar y seguir y otro será el después si en el presente nos despercudimos el miedo y nos damos el lujo de acogernos como innovadores.

  • Diana Castro Benetti | Elespectador.com

  • 3
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • El perro es el mejor amigo del bebé
  • Aumenta el número de muertos en Palestina por ofensiva Israelí
  • Así recuerdan los españoles la tragedia de Santiago de Compostela

Lo más compartido

Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio