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Francisco Gutiérrez Sanín 14 Feb 2013 - 11:00 pm

Antipolítica: ¿aún viable?

Francisco Gutiérrez Sanín

¿Para qué la política, para qué los políticos? Diversos comentaristas han atacado este problema desde distintos puntos de vista. Y es entendible que la pregunta resurja cíclicamente, sobre todo en una sociedad que, como la colombiana, sufre un enorme, asfixiante problema de corrupción.

Por: Francisco Gutiérrez Sanín
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Una respuesta posible es agarrar por el camino de la antipolítica, es decir, hacer política a costa de los políticos (suena como un trabalenguas. Lo es). En la medida en que muchos ciudadanos sienten indignación más o menos continua contra la vida pública y sus protagonistas, será inevitable que aparezcan personajes que traten de explotar ese sentimiento a su favor. Un fenómeno natural. Y que, sobre todo en la Colombia de principios de los años 90, resultaba relativamente novedoso. Más aún, dio origen a experiencias de gobierno municipal y departamental que, a mi juicio, fueron innovadoras y positivas.

Pero la novedad se agotó, no sólo en Colombia sino en el mundo, y ahora tenemos todos los elementos de juicio para evaluar las implicaciones de la propuesta antipolítica. Estas se pueden resumir en tres grandes lecciones, que presento aquí como mitos que la experiencia ha refutado de manera implacable. Primer mito: la destrucción de la intermediación partidista elimina la corrupción, o al menos, para ponerlo en los términos de la conocida fórmula turbayista, la reduce a sus justas proporciones. Falso. Con pocas excepciones, cuando los antipolíticos arribaron al poder nacional generaron una orgía de corrupción sin precedentes. También promovieron, casi siempre, agendas autoritarias. Eso ocurrió en Italia y en Perú, por ejemplo. También lo podemos ver en Colombia: no creo difícil demostrar que no hay grandes contradicciones entre el primer y supuestamente técnico y aconductado Uribe, furiosamente antipolítico, y el segundo, por quien han votado sistemáticamente sus parlamentarios amigos que aún no se han ido a la cárcel (quedan cada vez menos, es verdad). Por el contrario: en este, como en otros casos, el Dr. Jekyll es más el operador y organizador de las escapadas de Mr. Hyde que su inocente y desafortunada contraparte.

Segundo mito: los partidos son una camisa de fuerza que impide la libre expresión de la ciudadanía. Pero es que las preferencias ciudadanas no existen en el vacío. A falta de partidos y de actores políticos estructurados, ellas serán formadas poruna serie de agendas ocultas, cuyo poder crecerá de manera proporcional a la inexistencia de fuerzas que puedan contrarrestarlos. Tercer mito: todos los partidos y los políticos profesionales son idénticos. No. Esa afirmación riñe con la verdad. Como sucede con los futbolistas y los cantantes, los literatos y los lustrabotas, hay políticos buenos, regulares y malos. Lo mismo se puede decir sobre los partidos. Si el lector mira con atención al actual Congreso, encontrará excelentes figuras en todas las bancadas. Y también ineptos y hampones. O simplemente gentes del montón. Poner a todos en el mismo saco, nivelando por lo bajo, es crear las mejores condiciones posibles para que proliferen los malos políticos. Pues los que actúen bien y tengan espíritu público se quedarán literalmente con el pecado y sin el género: no podrán dar una señal clara a la ciudadanía —convencida, si se deja, de que “todos son igualitos”— sobre su conducta, pero en cambio no tendrán las gabelas que obtienen los avivatos con su proceder torcido.

La antipolítica seguramente jugó algún papel positivo en Colombia. Pero lo que pudo haber aportado ya lo dio. De aquí en adelante, lo único que tiene que ofrecer es demagogia, complicidad con los peores corruptos —a nombre de la lucha contra la corrupción— y una agenda apenas veladamente autoritaria.

Cosquilleo E6. Una semana más, y los bancos siguen quedándose con los intereses de los pobres.

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Boyancio

Mie, 02/20/2013 - 09:45
El rico vive del bobo, la venganza se hace sangre, el odio por la idea ajena es plana y consecuente, todo ello es enredo, así no parezca: la participación ciudadana es buena si hay autonomía paralela, en lo regional, y en cada vereda.
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opinadorbog

Sab, 02/16/2013 - 00:56
Señor Gutiérrez, como dice mi abuelita, ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre... Ni los congresistas son todos unos corruptos, hampones, asesinos, incapaces, ineptos, ni tampoco los "antipolíticos" son todos caudillos mesiánicos que vienen a hacerse con el poder para su propio beneficio. El problema es que hay que encontrar ese justo medio, en el cual la opinión de unos pocos no deje de ser escuchada porque no pertenecen a la mayoría pero en el que esos pocos tampoco impongan su opinión sobre los muchos. Creo que el tema parte más de la inhabilidad para controlar esos pocos malos, del hecho que para lograr la elección un congresista requiere en promedio 1.300 millones de pesos para su campaña pero durante su periodo ganará en salarios únicamente 1.100 millones...
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:12
En el "actual Congreso (hay) excelentes figuras en todas las bancadas. Poner a todos en el mismo saco, nivelando por lo bajo, es crear las mejores condiciones posibles para que proliferen los malos políticos". En este sentido, el análisis excede sus propios límites: no existen átomos solos -en abstracto- aislados de la índole siamés de su existencia molecular (bancadas), unica opción del poder partidario del Congreso.
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:32
Claro, vienen luego las precisiones de la teoría política refrendados por la tozuda práctica: que el Poder ejecutivo está determinado por el tamaño del contingente legislativo del partido presidencial, y por la disciplina que el mismo muestre, etc., etc. Así, pues, por más que existan relumbrantes excepciones de la actual regla colombiana (“ineptos, hampones, gentes del montón”): congresistas como JE Robledos e Iván Cepedas -especie de iones en continua variación de sus niveles de energía política: pérdida en el Senado y ganancia en el Electorado-, Colombia aun representa un caso de partidos indisciplinados (o disiciplinados con la seductora lógica del perrero) que debilitan las posibilidades de que las coaliciones se desarrollen como un formato gubernativo óptimo.
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:27
Esto para decir que, en la práctica, para efectos de reivindicar o refutar el adecuado manejo (teórico) de la res publica, pareciera como si los indispensables protocolos de la democracia: la ‘política’ y su tenebrosa negación, el señor Hyde de la ‘antipolítica’, se asumieran con una liviandad insoportable, como proposiciones gramaticales cuyos pesos específicos dependendieran de la voluntad individual del sujeto que las enuncia.
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:22
En otras palabras: es tan ríspida la conciencia que tienen nuestros políticos profesionales de la complejidad mecánica del sistema político en discusión, que es casi perentorio concluir (‘por ahora’, para adherirnos al trémulo optimismo del columnista) que en Colombia la “política” (su ejercicio) ha sido un excelso entramado de posibilidades reales de influencia social (de poder hacer, fundamentalmente) en manos de atraviliarios adolescentes en trance de un interminable “libre desarrollo de su personalidad”. Desde el luminoso ideario de Francisco de Miranda, un sueño acunado en el congreso de Angostura en 1819, pasando por breves interregnos en los que la sensatez de la reflexión política pareció anunciar el paso a la (fallida) edad adulta:
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:16
Rionegro 1863 y la búsqueda del equilibrio centralista/federalista; 1910 y su reflexión centenarista sobre la Independencia: los fervientes esfuerzos de CE Restrepo por “suavizar” la Constitución de 1886; la casi única gestión de bonhomía del Ejecutivo -López P. 1936- encaminada a hacer de la política una actividad realmente potenciadora de las habilidades socioeconómicas de los colombianos hasta recalar en el deshilachado arco iris de la Carta de 1991, nuestro Manual de Política (la Constitución) ha terminado por validar, en el mundo profano, la desapacible (en apariencia) apreciación de Borges respecto a la Biblia: “es un compendio de literatura fantástica”.
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Isidoro Bacharach

Vie, 02/15/2013 - 18:13
Hoy, el partido Conservador dice que no se irá detrás de otro (partido) que a duras penas cuenta con su partida de bautismo, cuando en 2002 se enflechó sin dudarlo ante el caudillo ungido por la voluntad del voto popular que capituló su independencia política ante el embrujo del totalitarismo: en menos de lo que canta un gallo vimos salir a la luz pública una coalición de gobierno integrada por seis partidos: Partido Social de la Unidad Nacional (Partido de la U), Partido Conservador, Cambio Radical, Colombia Democrática, Alas-Equipo Colombia, Convergencia Ciudadana, y Colombia Viva... explosiones de cultura política cuya vertiginosa –e incoherente- existencia es simbolizable por la bizarra novela de F. Scott fitzgerald: "El Curioso Caso de Benjamin Button". Esperemos.
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jec

Vie, 02/15/2013 - 16:11
En nuestra democracia Colombiana tenemos la libertad de votar, pero por candidatos que no sabemos quien los puso
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Jorge Enrique Angel Delgado

Vie, 02/15/2013 - 13:16
Bueno, podrían ser "camisas de fuerza", en caso q los hubiera en Colombia, el asunto es q la estructura ideologica manca y los únicos q pueden tener alguna forma son la Derecha y ultraderecha pues son igual de trogloditas a lo largo del planeta y tienen la misma forma de pensar, bueno, casi pues un personaje de la Derecha en visita en Colombia, fue "insultado" por Uribe cuando luego de un par de preguntas le llamo "comunista". Bueno, a lo mejor el asunto es tambien otro y Uribe sea simplemente un personaje montañero y chalán quien se desarrolló con sus abuelos católicos, falangistas y fundamentalistas y a estos personajes no les entra la letra en alguna de sus formas, además q viven en su mundo totalmente corrupto, ese mundo q el catolicismo ha formado en Europa medieval y antes de éste!!!
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chococruz

Vie, 02/15/2013 - 08:45
En el mundo de las verdades a medias la mentira es la reina. En este panorama solo la educación es la solución para que cada quien escoja la suya.
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