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Ana Milena Muñoz de Gaviria 19 Jun 2013 - 11:00 pm

Para aprender de Brasil

Ana Milena Muñoz de Gaviria

Brasil ha sido puesta en el mundo entero como ejemplo de crecimiento y desarrollo. No obstante, los hechos de las recientes manifestaciones, a raíz del incremento de 20 centavos en el pasaje del bus urbano en São Paulo, muestran el descontento de miles de personas de diferentes niveles sociales por un modelo que, si bien ha permitido riqueza, no se ha distribuido de la mejor manera y en el que persisten grandes diferencias.

Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
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 Pero hoy la gran pregunta es: ¿por qué las protestas? El desempleo se ha reducido, la gente de las favelas ha venido mejorando con mayor acceso a servicios y seguridad, y la clase media ha crecido.

Y es que, paradójicamente, la gente está descontenta por otros problemas, como la malversación de dineros públicos, el despilfarro en proyectos inútiles, las inversiones para la Copa del Mundo, la corrupción de los políticos y la empresa privada, y la impunidad de la justicia.

Hay progreso, pero también hay mayores exigencias y una cultura vigilante para que los dineros públicos lleguen a las escuelas y a los hospitales; no muere gente, como sucedió con los infantes en el estado de Para, y se cierre la brecha con la construcción de vivienda cuyo déficit es de 8 millones.

Si bien la inversión de nuevos capitales en Brasil ha traído crecimiento, igualmente ha generado nuevos problemas, se ha encarecido la vida, los alquileres han subido, los inmuebles son más costosos. Y con la expectativa del Mundial de Fútbol continuará esta tendencia. Las diferencias sociales y económicas igualmente son más grandes.

No hay una fórmula única ni ideal para aplicar, pero lo que sí es necesario es pensar en cómo distribuir los beneficios de la mejor manera para todos. Y esto no sólo es válido para Brasil, sino para Colombia, que es un país que ha seguido esta línea, con cientos de inversionistas y un proceso de crecimiento importante. Brasil es entonces un buen ejemplo para reflexionar tanto en los aciertos como en los errores que no se deben cometer.

El crecimiento y sus beneficios deben invertirse en empoderar a los más pobres para el emprendimiento, el autoempleo y la creación de empresas. No es bueno el subsidio per se, es necesario trabajar en cómo enseñar a pescar y no sólo en dar el pescado. Es más importante aún, el acceso a educación y salud, al crédito y la vivienda y a los servicios públicos.

Si en un país como Brasil, con éxito y grandes avances sociales y económicos, ha sucedido esto, es una buena lección que tenemos para aprender.

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