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Ana Milena Muñoz de Gaviria 13 Feb 2013 - 11:00 pm

Horizontes

Aprender de la experiencia

Ana Milena Muñoz de Gaviria

Una visita a Ciudad Bolívar era rutinaria en el pasado; era un barrio que conocía bien y lo visitaba, no sólo cuando era primera dama sino después.

Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
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Por supuesto, Ciudad Bolívar es tan grande como Barranquilla en términos de población, aunque en extensión puede ser menor. Visité por motivos académicos los barrios Arborizadora Alta y Jerusalén. Hace más de 20 años eran barrios que se iniciaron con lotes con servicios o pequeños módulos básicos realizados por autoconstrucción, algunos legales y otros resultado de invasiones. Las circunstancias en ese entonces eran complejas: calles sin pavimento, casas a medio construir y sin servicios públicos ni equipamientos. Hoy es alentador ver el progreso después de más de 20 años.

En general, todo el mundo ha levantado su casa, y algunos lo han hecho en exceso hasta cinco pisos, probablemente sin los cimientos necesarios pues no hay mucho control de las autoridades; ya tienen servicios públicos, vías pavimentadas, equipamientos como colegios, parques, coliseo, centro comunal, canchas múltiples. El barrio realmente ha cambiado y la centralidad dada por los equipamientos ha generado un cambio fundamental en sus vidas y en la de los jóvenes.

Si bien ha sido un proceso largo y complejo, vale la pena aprender de este y de otros proyectos en Bogotá y en otros lugares de Colombia para definir políticas de vivienda tanto en lo nacional como en lo regional. Lo ideal, por supuesto, es entregar la casa terminada, pero ni la gente tiene todos los recursos ni los del Estado son suficientes para atender el déficit existente cercano a tres millones en el corto plazo.

Finalmente, la gente vive hoy en alquiler, y por qué no volver a los programas de autoconstrucción y desarrollo progresivo con la entrega de una solución mínima digna que la gente vaya desarrollando en la medida de sus capacidades económicas o aun de los programas de lotes con servicios y con infraestructura, siempre y cuando exista asistencia técnica y control por parte de las autoridades locales. Y digo con infraestructura pues los costos de ponerla ante hechos cumplidos es mucho más costosa, y lo que está pasando es que la gente hace urbanizaciones ilegales y después sin coordinación las empresas de energía llegan, cobran la luz, y así el proceso de legalización empieza, beneficiándose los urbanizadores piratas. Y no se trata de una solución sino de muchas, dependiendo de la zona y las comunidades.

Otro tema es que no se trata sólo de entregar vivienda; es necesaria una estructura urbana que haga más amigable y humano el hábitat. Si se vive en casas pequeñas es necesario tener zonas verdes y equipamientos colectivos que permitan que la vida sea mejor. Y se podría ir mas allá, promoviendo más educación técnica y oficios en las UPZ que se constituyan.

Se trata entonces de mirar lo bueno y lo malo de estas experiencias, hacer los correctivos con programas y desarrollar otras opciones en la política de vivienda.

  • Ana Milena Muñoz de Gaviria | Elespectador.com

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