Ana Cristina Restrepo 6 Dic 2013 - 11:07 pm

Juego de ojos

Arte y posconflicto

Ana Cristina Restrepo

Uno de los hábitos más arraigados de la administración pública en los municipios consiste en pagar favores políticos otorgando cargos en el sector cultural. Basta viajar por los pueblos para constatar esa realidad.

Por: Ana Cristina Restrepo
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La cultura suele ser asociada con el carnaval: fiestas patronales, reinados y demás eventos que justifican el presupuesto, sin favorecer las manifestaciones artísticas del área rural.

Ese panorama de corrupción y derroche, ignorado y olvidado, debe retomarse en el debate público ahora cuando soñamos con estrenar una palabra históricamente esquiva para los colombianos: posconflicto.

Cuando se habla de posconflicto, los asuntos recurrentes son reinserción, reestructuración militar, fortalecimiento de las instituciones y tenencia de la tierra; no obstante, se subestiman otras formas de transición para buscar salidas al resentimiento endémico de nuestra sociedad, para cicatrizar heridas.

En cuanto construcción colectiva, el arte crea memoria. Es una manifestación del duelo y también del perdón —al otro y a uno mismo—.

Desde hace décadas, la investigación social y de las políticas públicas se ha preocupado por fenómenos como las migraciones del campo a la ciudad y los desplazamientos forzados, los cuales han acompañado las dinámicas de cambio socioeconómico, urbano y rural, y las manifestaciones culturales. Las humanidades han comprendido que no existe un modelo único de nación. Los artistas lo saben.

En aquellas zonas que han sido golpeadas por diversas violencias (guerrillera, paramilitar, delincuencia común), las expresiones artísticas —la escritura, las artes plásticas y el teatro, entre otras— tienen que contar con políticas firmes y un compromiso constante del Estado. Si desde ya anhelamos el posconflicto, la narración a través del arte es imprescindible para enfrentar esa sociedad plural e incluyente que muchos buscamos.

El Guernica, de Pablo Picasso, o el Tríptico de la guerra (“El frente”, “El éxodo” y “La retaguardia”), de Aurelio Arteta, son testimonios de la Guerra Civil Española. Escritores como Lorna Shaughnessy (poesía: The Witness Tree) y Adrian McKinty (ficción: Cold Cold Ground), o el director de cine Jim Sheridan (En el nombre del padre), son sólo algunos de los artistas que han relatado el conflicto de Irlanda del Norte.

Nosotros contamos con grandes narradores de la guerra en Colombia: las fotografías de Jesús Abad Colorado, las crónicas poéticas del libro Los escogidos, de Patricia Nieto, Las piedades, de Beatriz González… las obras que se gestan en este momento en lugares insospechados de nuestra geografía.

Es mejor convertir la guerra en obras de arte, y no elevarla a la condición de “arte” por sí misma. Le hemos otorgado a las armas un inmerecido lenguaje artístico: ‘escenarios de guerra’, ‘actores del conflicto’, ‘actos de guerra’.

El sector público de la cultura debe empezar a considerar el posconflicto, las voces que hablan de su tragedia, la catarsis que convierte la sangre en óleo y el dolor en canto. La estética al servicio de la tolerancia, la reconciliación y la memoria, y, en el mejor de los casos, del perdón.

 

*Ana Cristina Restrepo Jiménez

 

  • Ana Cristina Restrepo Jiménez | Elespectador.com

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Parodi54

Sab, 12/07/2013 - 03:16
El Santismo radical se siente incomodo con palabras como libertad, democracia, liberalismo abierto. Suelen cultivar la diferencia en función del estrato y el arribismo. El que comparten con Uribe
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