Opinión |15 Abr 2012 - 9:02 pm

LA columna del COC

Ser medallista olímpico

Colombia llegó virgen de medallas olímpicas hasta 1972, luego de 76 años de celebraciones de los juegos y de seis participaciones nacionales.

Por: Ciro Solano Hurtado
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El viernes 1º de septiembre de ese año, un poco conocido barranquillero, con nombres, apellidos y ascendencia alemanas, Helmut Bellingrodt Wolf, partió nuestra historia al obtener la plata en tiro al jabalí en Múnich.

Menos de un año después, el rubio atleta terminó sus estudios, se casó y comenzó una carrera, tal vez única en la historia del deporte colombiano, de la mano de la fama de su medalla, del título de arquitecto y de sus condiciones como diplomático.

Pero Bellingrodt no fue el único en Múnich-72. Dos costeños como él, Alfonso Pérez y Clemente Rojas, ganaron medallas de bronce en el boxeo. Desde ese momento, sus vidas estuvieron iluminadas por esa distinción y ligadas al boxeo por siempre, como entrenadores.

A partir de entonces el deporte olímpico colombiano ha visitado podios, aunque no con la asiduidad que quisiéramos: de nuevo Bellingrodt se llevó la plata en Los Ángeles 1984; otro boxeador costeño, Eliécer Julio, el bronce, en Seúl 1988; la atleta antioqueña Ximena Restrepo, también el bronce, en los 400 metros planos, en Barcelona 1992; la vallecaucana María Isabel Urrutia, el único oro hasta ahora, en Sídney 2000; la ciclista antioqueña María Luisa Calle y la pesista chocoana Mabel Mosquera, también bronces, en Atenas 2004, y el pesista Diego Salazar y la luchadora Jackeline Rentería, ambos vallecaucanos, plata y bronce, respectivamente, en Beijing 2008.

La medalla olímpica les cambió la vida a todos, a unos más que a otros, como ocurría en la antigua Grecia, en donde la insignificante corona de laureles —único premio que recibían— les daba derecho a sus portadores a ingresar a la vida pública.

Una anécdota reciente para ver otro significado que tiene ser medallista olímpico: una vez el nadador estadounidense Matt Grevers recibió la medalla de plata de los 100 metros en Beijing 2008, buscó a su novia, la también nadadora Annie Chandler, la tomó de la mano la llevó hasta lo más alto del podio y en presencia de por lo menos dos mil personas se arrodilló y le pidió la mano.

Grevers se atrevió a definir su futuro personal al lado de la mujer que amaba, animado por la medalla olímpica, que significaba la coronación de su más alta meta y el comienzo de una nueva vida.

Bellingrodt, Pérez, Rojas, Julio, Restrepo, Urrutia, Calle, Mosquera, Salazar y Rentería, los puntos de referencia de nuestros atletas en Londres 2012. Alcanzarlos y superarlos significará un paso definitivo en sus vidas.

Por: Ciro Solano Hurtado
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