'El Sanduchero'

No me gusta dar monedas en la calle. Sólo una vez lo hice, sin saberlo. Y ahora que lo pienso, fueron billetes, más de uno.

Hace unos meses iba con mi novio por la carrera 13 con calle 60, cuando un desorden llamó nuestra atención. Unas cuadras más adelante, un tipo estaba llorando en el piso, mientras un par de personas lo rodeaban. Al acercarnos más, notamos decenas de sánduches —y algo que parecía leche achocolatada— esparcidos por toda la calle. Entre balbuceos, el señor explicaba una y otra vez que el jefe lo iba a hacer responder por los $40.000 que costaban esos almuercitos.

La mano de mi novio me hizo seguir avanzando, pero no podía dejar al señor así; no esta vez. Regresé con dos billetes de $5.000, se los di a una paisa que se había apersonado de la recolección, al tiempo que calmaba al pobre hombre. Al momento de irme, el señor, que seguía llorando en el piso, había reunido $32.000. Esa tarde me sentí un poco satisfecha, feliz.

Unos meses después, acurrucada en la silla de un bus Germania-Centro, volví a ver la misma escena en la calle 50 con Séptima. Todo era igual: el reguero salpicando la acera, el tipo en el piso, las personas ayudando… pero esta vez tenía un aditivo interesante: una muleta de madera tirada en la calle. Se me hizo un detalle de fina coquetería por parte de este personaje y me reí. Para el momento en el que me bajé del bus, imaginé que ya el pobre hombre había reunido los “$40.000 de los almuercitos”. Quizá ya hasta le había subido a la tarifa, ¡vaya uno a saber!

Hace un mes me enteré de que en Facebook lo llamaban ‘El Sanduchero’ y que sólo frecuentaba la zona de Chapinero para montar su performance callejero. A mí se me hace un performance, no todo el mundo tiene las agallas de botar comida a la calle y llorar, literalmente, sobre la leche derramada.

Una persona con salario mínimo gana menos de $30.000 al día. ‘El Sanduchero’ gana en promedio $40.000. Y eso, suponiendo que no repita la función.

*Nathalia Guerrero /‘Directo Bogotá’ es la revista de periodismo de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana. Las crónicas en este espacio han sido escritas para El Espectador por sus reporteros.  /

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