Por: Iván Mejía Álvarez

Así no es...

El balance del fin de semana fue lamentable en materia de asistencias, espectáculo y, fundamentalmente, de goles. Se marcaron apenas doce anotaciones en nueve partidos, y eso que en Tunja aparecieron tres tantos, para un promedio de un gol cada 67 minutos.

Y eso no es todo, de las doce conquistas, cinco fueron convertidas por defensores. Herner (Medellín), Pérez (Pasto), Valdés (Santa Fe), Henríquez (Nacional) y Carabalí (Boyacá) tuvieron que acudir al rescate de sus teóricos atacantes, famélicos en su producción.

Claro, lo uno lleva a lo otro y el círculo vicioso es absolutamente predecible. No hay goles y no hay espectáculo, ergo no hay gente en las tribunas porque para ver partidos tan malitos, con tan escasa producción ofensiva, con tan poco volumen de juego, mejor quedarse en casa. Así de sencillo y así de clarito.

Los técnicos cicateros están ganando la partida y están desterrando a la gente de los estadios y de las pantallas de televisión. Un equipo como el Júnior, con jugadores como Dayro, Ruiz, Toloza, Vladimir Hernández, más preocupado en pegar, hacer faltas menores pero descalificadoras, pletórico en tarjetas amarillas, siete en total, y una roja para acabar de completar el panorama, termina aburriendo y perdiendo por su propuesta. Alexis tiene elementos teóricos muy interesantes como técnico, pero resulta demasiada coincidencia, y no lo es tanto, que con Equidad y Júnior, los dos equipos que ha dirigido en los últimos años, se mantenga en el top de las tarjetas amarillas y rojas. Alexis prometió un “equipo delicioso” y hasta ahora no asoma la tal “sabrosura”, lo único que se ve es un cuadro destructor y pegapatadas, lejano del sabor caribeño.

Y qué decir del “híbrido” aburridor que ha terminado montando Osorio en Nacional. Dos partidos seguidos en casa, contra el modestísimo Alianza Petrolera, equipo tiernito y bichecito con cara de volver rapidito a la B, y contra Itagüí, y Nacional es un “soponcio” absoluto. Juega a dos por hora, los jugadores tocan, tocan y tocan hacia los lados, carece de profundidad y no agrede con la pelota, hace futbolito. Para complacer el paladar de la hinchada verde, Osorio cambió su “modelo inglés” del pelotazo y la velocidad por el toque estéril e inútil. Hoy Nacional puede ir muy bien en la tabla pero aburre, desencanta, su juego no responde a los futbolistas que tiene en nómina.

Suenan las alarmas, mal fútbol, pocos goles, poca gente... algo grave está pasando y estos son síntomas preocupantes. ¿Atacamos la enfermedad o miramos para los lados?

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