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Columnista invitado 8 Feb 2013 - 10:37 pm

Asistencialismo, votos y programas sociales

Columnista invitado

El programa (más) familias en acción está en el centro de un debate saludable en el país. Del lado de los críticos, dos posturas sobresalen: el programa es asistencialista y el programa solo busca votos.

Por: Columnista invitado
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El argumento del asistencialismo se basa en un “antiguo proverbio”: “No des pescado, enseña a pescar”. Los críticos ven el programa como regalo (dar el pescado), sin cambios en pobreza (no se enseña a pescar).

En contra de la visión de los críticos, programas de transferencias monetaria condicionadas —como es el caso de (Más) Familias en Acción— son un contrato entre la sociedad y un grupo determinado de personas. La sociedad reconoce los problemas que tiene este grupo de personas y decide invertir en ellas. Esta inversión es importante para la misma sociedad porque el país funciona mejor cuando todos sus miembros están mejor. Por su parte, el grupo de personas se compromete a hacer acciones concretas para salir de pobreza tales como chequeos periódicos de salud de madres y niños, enviar los menores a la escuela, alimentar bien a los infantes. Es decir, es un contrato en el sentido concreto de la palabra, con derechos y responsabilidades adquiridas por parte y parte.

La justificación técnica de un programa como (Más) Familias en Acción es robusta. Algunos hogares no pueden hacer inversiones óptimas en acumulación de capital (educación, salud, mercado de trabajo) por diversos problemas. Por ejemplo, familias con bajos recursos no tienen acceso a crédito. Así mismo, el costo de oportunidad de enviar los menores de edad al colegio, en vez de ponerlos a trabajar, es muy alto. Simultáneamente, familias pobres tienen un nivel de subsistencia extremadamente bajo con grandes fluctuaciones de ingreso, lo cual no les permite tomar decisiones correctas. Por todos estos motivos es importante que el Estado intervenga y corrija estas fallas. Por consiguiente, existen programas como (Más) Familias en Acción.

La evidencia sobre los resultados de este tipo de programas —en diversas partes del mundo— son claros y positivos: estos programas aumentan el nivel de escolaridad, consumo de alimentos, indicadores de nutrición y acceso a salud, entre otros muchos indicadores. Por definición, un programa de transferencias condicionadas es exitoso cuando las familias dejan de necesitar el mismo programa. La evidencia en términos de pobreza de largo plazo aún no es contundente, pero todo indica que, por ejemplo, el éxito de Brasil en reducción de pobreza se lo debe en gran medida a este tipo de programas. Esta evidencia proviene de estudios serios y rigurosos, y no de posiciones ideológicas basadas en “yo opino” o “yo creo”.

Finalmente, la evidencia sobre el uso de (Más) Familias en Acción con motivos políticos y votos sugiere que el programa no ha sido manipulado en este sentido. Es una política de Estado, que no fluctúa con el ciclo político. La idea técnica que sustenta el programa es que las familias con bajos ingresos y en situación de pobreza y vulnerabilidad deben ser las receptoras del programa. Colombia, en términos de focalización, es líder mundial. (Más) Familias en Acción se basa en una asignación técnica de beneficios hacia los más pobres. Esta política de Estado, estable y focalizada mediante instrumentos técnicos, contrasta con, por ejemplo, el caso de Venezuela. Los meses antes de la reciente elección presidencial, el gobierno Venezolano generó un déficit de 17% del producto, el mayor de la historia de ese país. Ese es un claro caso de “compra” de votos, el cual contrasta fuertemente con el caso de Colombia.

Cuando cumplí cinco años, mi abuelo me llevó a pescar al Neusa. En un día aprendí a poner el anzuelo, a lanzar la línea, a recoger. Aprender a pescar no es difícil. Ser buen pescador es muy diferente: fuimos a pescar por lo menos 10 años juntos, y mientras él siempre pescaba algo, yo lo hacía esporádicamente. Ser un buen pescador toma tiempo y no es claro cómo se hace un buen pescador. Así mismo, mientras uno aprende a ser buen pescador, es necesario que le den el pescado. Por esto, la metáfora del pez y pescador no funciona en el caso de las transferencias condicionadas. Por favor, comencemos a pensar en otras metáforas. Existen tantas, todas igualmente poéticas: Sísifo y la piedra rodando, Ulises encadenado al mástil, Harry Potter buscando la piedra filosofal…
 

Felipe Barrera Osorio / * Profesor Asistente, Universidad de Harvard. (twitter: @felbarrera)

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