Por: Gonzalo Silva Rivas

"Aviones" en la dirección

La Aerocivil ha sido un eterno e incorregible surtidor de escándalos y polémicas.

Una entidad politizada que ha visto desfilar a más de quince directores en los últimos veinte años, casi todos, salvo algún par de excepciones, salpicados por cuestionadas y costosas decisiones administrativas o actos de corrupción.

Investigaciones como las que hoy enfrenta el director de la entidad, Santiago Castro, por posibles sobrecostos en la torre de control y la modernización del aeropuerto Eldorado, han sido una constante, con diferentes matices, y aunque desbordan de alertas a los organismos de vigilancia, tan solo alcanzan a prender motores sin que levanten vuelo.

El único caso de un director que cayó del cargo víctima de su propio invento fue Álvaro Raad, en 1994, acusado de cohecho impropio. La noche en la que debería atender en Bogotá una cita oficial con el Banco Mundial para analizar los términos de construcción de la segunda pista de Eldorado, prefirió viajar a su Cúcuta natal para recibir, junto al conservador Fabio Valencia, un homenaje político, acompañado de 40 amigos, con pasajes de cortesía solicitados a una aerolínea.

La controvertida pista, al final de cuentas, la adjudicaría un año después Álvaro Cala, y la inauguraría su sucesor Abel Enrique Jiménez en medio de una fuerte discusión sobre su viabilidad -aún pendiente- ante la carencia de permisos ambientales y la afectación sonora de las áreas urbanas vecinas.

Cala vivió además la sanción de la FAA americana, que rebajó la categoría internacional de la infraestructura aeroportuaria nacional por la acumulación heredada de graves deficiencias técnicas, cuya consecuencia fue la imposición de estrellas negras a nuestros aeropuertos. Jiménez, en tanto, se rodeó de un secretario general destituido por corrupción, y en 1996 lideró la primera generación de concesiones aeroportuarias, modelo deficientemente proyectado que benefició el bolsillo de los particulares.

En años recientes, la compra de cuatro multimillonarios radares defectuosos les dieron sombra a otros directores. Ernesto Huertas los adquirió en 2001, y Juan Carlos Vélez, los instaló después, sin que hasta la fecha la empresa vendedora haya respondido por la garantía. De otra parte, Vélez fue investigado por presuntas irregularidades en cuentas de la entidad en el exterior, y su sucesor Fernando Sanclemente por una irregular interventoría de las obras de ampliación de Eldorado.

Mientras la Aerocivil siga teniendo “aviones” en la dirección, el escenario no cambiará.

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