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Ernesto Macías Tovar 12 Mar 2013 - 11:00 pm

La bancada de Timochenko

Ernesto Macías Tovar

Aunque las cifras de integrantes (7.800) de las Farc que presentó el lunes el presidente Santos son discutibles, estas demuestran una vez más que el Gobierno está negociando en La Habana con una ínfima minoría.

Por: Ernesto Macías Tovar
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Además, eso quiere decir que si a los terroristas que hoy vacacionan en Cuba les conceden impunidad, disfrazada en el “marco para la paz”, y les permiten elegibilidad –más no asignación de curules por decreto-, no tendrían votos ni para elegir un concejal en una ciudad pequeña, porque a los 7.800 habría que restarle los menores reclutados y la disidencia que no acata al “secretariado”.

De ahí el secretismo del Gobierno y las Farc. Y por eso hemos dicho que una vez se abra la “caja de Pandora” de La Habana los colombianos vamos a tener muchas sorpresas; porque no obstante que las partes sentadas a manteles en Cuba tratan de mantener oculto lo que negocian, hay infidentes en ambos lados. Una de esas infidencias, que le atribuyen al Ministro del Interior quien deja ver siempre un afán de protagonismo desmesurado, es que el grupo terrorista reclama “por derecho propio” quince curules en el Senado e igual número en la Cámara y que el Gobierno les está ofreciendo cinco y cinco.

De resultar cierta esta infidencia sería el más grave atentado contra las instituciones y la democracia. Y esto coincide con algunos hechos inusitados que se han presentado durante el negocio Santos-Farc, como la infortunada visita de un grupo de congresistas a las Farc en La Habana, quienes fueron a ofrecerles espacio en el legislativo a los terroristas. A propósito ninguna de las dos cámaras autorizó dicho viaje que en nada se diferencia de las romerías al Caguán.

Y es curioso que ciertos personajes quienes se rasgaron las vestiduras protestando por la visita de tres terroristas paramilitares al Congreso, hoy se inclinen reverentes ante los cabecillas de las Farc. Y, peor aún, ofreciéndoles curules “por decreto”. Por ejemplo, basta revisar las páginas de los periódicos de la época -agosto 2004- para ver al hijo de Manuel Cepeda, quien no era congresista, con carteles repudiando la presencia de los “Paras” en el recinto de la Cámara; y ahora lucha porque Timochenko y su combo de bandidos violadores de la Constitución y de las leyes ingresen “por derecho propio” y con derechos a tomar decisiones y aprobar leyes. Como, también, esa sí nada nueva, la actitud del actual Presidente del Senado quien tiene un discurso diferente para cada ocasión.

Lo cierto es que el Gobierno y sus amanuenses congresistas, a como dé lugar, siguen sin pausa con esto que adelantan a espaldas del país. Y está demostrado que el presidente Santos perdió la credibilidad a raíz del desgobierno que se percibe en todos los sectores sociales y económicos porque puso por encima de los intereses nacionales la negociación con los cabecillas del terrorismo. Hemos dicho hasta la saciedad, aún a costa de ser tildados de “mano negra” y “enemigos de la paz”, que firmar a cualquier precio con ese grupúsculo de criminales que está en Cuba no es la paz de Colombia. Luego hay que estar vigilantes para evitar que desde La Habana nos formulen la bancada de Timochenko en el Congreso.

@emaciastovar

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