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Ernesto Macías Tovar 21 Mayo 2013 - 11:00 pm

La baraja de Santos

Ernesto Macías Tovar

La alocución política del presidente Juan Manuel Santos, del viernes pasado, tiene varias lecturas, confirmaciones y contradicciones. Pero, de todas formas, constituye el día a día de la mecánica política que se practica en este Gobierno.

Por: Ernesto Macías Tovar
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Contradicciones. No es fácil entender que mientras los problemas del país crecen y se complican cada día más, el presidente Santos se haya mantenido desde un comienzo de su período con la baraja en la mano tratando de buscarle solución, no a los problemas sino a la caída en las encuestas y a las dificultades que tiene para su reelección. Desde luego, está en su derecho de buscar la reelección o su continuidad en el poder a través de otra persona, pero no a costa del deterioro de la ya preocupante situación del país. 

Confirmaciones. Desde la llegada de Germán Vargas al gobierno de su “ex enemigo político”, ya se sabía que sus pretensiones electorales estaban por encima de cualquier otra consideración. Todo el accionar de Vargas en los ministerios (Interior y Vivienda) que ocupó estuvo marcado por el clientelismo y el propósito electorero para 2014. Inclusive, hasta última hora cuando aparecieron las vallas que mandó a colocar para promocionar su eventual candidatura, seguidas de su renuncia que a nadie sorprendió, en la mira de Vargas sólo ha estado su aspiración presidencial; es decir, quedó confirmado lo que se preveía.

Lecturas. Para algunos, comenzando por sus áulicos, el anuncio del presidente Santos de querer “reelegir las políticas” de su gobierno fue el lanzamiento de su candidatura a la reelección; lo cierto es que se trató de una declaración política de presentación de su directorio al que llama “buen gobierno”. Para otros, entre los cuales me incluyo, efectivamente Santos exteriorizó sus ínfulas reeleccionistas pero, simultáneamente, puso sobre la mesa a su “plan B” o, como se dice en el lenguaje del tahúr, al “comodín de la baraja”; es decir, a Vargas Lleras. Y tiene su lógica: Vargas siempre ha salido mejor librado que Santos en las encuestas, utilizó escandalosamente la publicidad oficial para promocionar su nombre, su condición de habilidoso clientelista le da ventajas y, por supuesto, renunció para no inhabilitarse.

Ahora, en el nuevo directorio de Santos quedaron dos samperistas (María Emma Mejía y Juan Mesa el lobista), además el entrañable Gabriel Silva a quien utiliza de megáfono, y el general (r) Óscar Naranjo, quien pasó de ser el más radical perseguidor de los “terroristas de las Farc” como él mismo los llamaba, a negociador esporádico y, quien ahora recibe un curso intensivo de política, muy seguramente para servir como fórmula a la Vicepresidencia, bien sea del “Crupier” (Santos) o del Comodín (Vargas).

Y, sin duda, el As bajo la manga que tiene Santos es la firma de su acuerdo con las Farc. Esa es la carta tapada que nos tiene de sorpresa a los colombianos para, según su hermano Enrique, jugarse la reelección. El presidente Santos tiene todo calculado y cree tener todo asegurado porque si le fallan sus aliados en La Habana a última hora se juega el Comodín; es decir, la suerte de Colombia depende de la baraja de Santos.

@emaciastovar

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