Por: Ignacio Zuleta

Básicos ineludibles

Las “ocho propuestas mínimas para el ordenamiento y uso territorial” que plantean las Farc en los diálogos de paz no deberían ser desestimadas por venir de quienes vienen, pues de cualquier modo señalan aspectos básicos que, si desconocemos como nación y como integrantes del planeta, pasarán a archivarse y conducirán a que no tengamos ni paz, ni tierra en donde disfrutarla.

No hay nada más peligroso que tarascazo de burro cargado de razón, decía Juan de Mairena, el divertido y sabio álter ego de Machado. Y es cierto, pues en este caso, aunque los pacifistas aborrezcamos el uso de las armas y la codicia torpe de capos trasvertidos en grandes comandantes o viceversa, las consideraciones de las Farc son razonables en principio.

Plantear la urgencia de un reordenamiento territorial en el que las prioridades sean el agua y la protección de sus fuentes, la seguridad alimentaria, la delimitación de la frontera agrícola y la disminución de la ganadería extensiva, es de sentido común en cualquier parte del globo y bajo cualquier ideología. Y parece que la guerrilla ha comprendido, después de sus intentos de crianza de ganado en tierras de los Llanos, que la ganadería extensiva es un desastre, un modelo obsoleto y atávico heredado de la colonización antioqueña que ha convertido en mangas las opulentas selvas y talado los bordes de los ríos arrasando a su paso las cuencas fuentes de agua.

En Colombia las guerras han involucrado al territorio (y todavía ni siquiera hemos tenido en consideración a una de sus protagonistas: el agua). Y en las últimas décadas las tierras han pasado a manos de unos grandes señores con ejército propio, que en la consolidación de la tenencia espuria produjeron más de cuatro millones de desplazados y medio millón de refugiados que aún trashuman por las calles y por los países vecinos. Las Farc, y ese es uno de los meollos de la guerra, también han mantenido su feudo con las armas. Si ahora están dispuestas a salirse del eterno círculo, habría que oír qué tienen que decir a este respecto.

Es sustancial la reflexión sobre el punto que sugiere: “… derogar la Resolución 0045 de junio de 2012, por medio de la cual se declaran como áreas estratégicas para la gran minería una importante parte de la región amazónica y un alto porcentaje de zonas de tradición y vocación agrícola”.

Todos sabemos que estas reservas biodiversas del planeta no aguantarían el embate de la gran minería depredadora. Si estos dirigentes de las Farc que conocen la manigua refrendan la advertencia, hay que oír con cuidado. Después de todo, también son colombianos, y la historia los ha puesto a vivir una experiencia que bien utilizada le puede ser muy útil al país una vez pasado el proceso, doloroso y complejo, de reparar los daños e incorporarse al cauce de unas futuras elecciones democráticas.

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