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Gustavo Páez Escobar 22 Feb 2013 - 11:00 pm

Bernardo Arias Trujillo

Gustavo Páez Escobar

Un amigo de Armenia me inició en el conocimiento de Arias Trujillo cuando yo residía en aquella ciudad, hace cuarenta años, mediante el obsequio que me hizo de tres de las obras del escritor caldense, entre ellas Risaralda, bella edición de 1960 realizada en la Editorial Bedout por Rafael Montoya y Montoya.

Por: Gustavo Páez Escobar
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Hace un par de años conseguí otro libro suyo que puede considerarse curioso: los virulentos editoriales escritos por él en su diario El Universal, de Manizales, entre julio y septiembre de 1930, y recogidos en 1991 por la Biblioteca de Autores Caldenses. Ahora tengo la grata sorpresa de recibir de Lucio Michaëlis, sobrino del escritor y propietario de sus derechos de autor, cuatro recientes ediciones de los títulos más famosos de Arias Trujillo: Diccionario de Emociones, En carne viva, Por los caminos de Sodoma y Risaralda, el primero editado por la Gobernación de Caldas y los restantes por Michaëlis.

Arias Trujillo nació en Manzanares el 19 de noviembre de 1903 y murió en Manizales el 4 de marzo de 1938. Su breve vida de 34 años fue tormentosa, rebelde y creadora. Provenía de una familia patriarcal movida por firmes convicciones religiosas, y él sería el caso contrario: anticlerical, inconformista y libertino. Poseía una inteligencia luminosa que le permitió escribir sus obras maestras, unas circuidas por el escándalo y la protesta social, y otras manejadas por la serenidad y el bello estilo.

A los veinticuatro años se graduó de abogado en el Externado de Colombia. El único cargo que ejerció en la judicatura fue el de juez departamental de Policía. En 1932 se trasladó a Buenos Aires como secretario ad honórem de la Legación de Colombia, presidida por el “leopardo” José Camacho Carreño. Años después este haría las palabras de presentación de Diccionario de emociones. Arias Trujillo escribió en Buenos el libro Por los caminos de Sodoma, que apareció con el seudónimo de Sir Edgar Dixon. De vuelta en Manizales, estalló el escándalo al descubrirse que era el autor de dicho libro, y que además era gay. La sociedad se le vino encima.

En su maleta de viaje traía los borradores de En carne viva, en torno al conflicto con el Perú, donde arremetió contra prestantes figuras nacionales. Residente en casa de su hermana Lucía, que estaba casada con el alemán Friedrich Michaëlis, propietario de la ferretería Electra, le dio el toque final a la obra y la entregó a la imprenta. Al conocerse el libro, estallaron los ataques de sus paisanos y del país político.

Hundido en el ostracismo en su propia tierra, se sintió abandonado por todos. Y arreció el consumo de los estupefacientes, que había practicado en los bares de Buenos Aires. Atmósfera turbulenta que le inspiró el poema Roby Nelson, en torno a su pasión por un efebo, hecho que acrecentó su fama de homosexual. El poema ha tenido repetidos registros en la literatura erótica y en la red de internet.

Su vida estuvo marcada por la fatalidad. En medio de ese turbión de escándalos, rechazos y vituperios surgió uno de los escritores de mayor alcurnia de la tierra caldense, que le dio lustre a la literatura colombiana. Su novela Risaralda dibuja en forma magistral la epopeya de la colonización del valle conocido con ese nombre. Al convertirse en un poema en prosa a la naturaleza encantada que incitó su emotividad lírica, supo decantar el auténtico criollismo colombiano.

La casa donde hace setenta y cinco años se suicidó con una sobredosis de morfina pasó a ser propiedad de la curia de Manizales. Predio que desde hace largo tiempo desea adquirir su sobrino Lucio Michaëlis, fiel guardián de su memoria, para fundar allí un museo en honor del escritor trágico que se quedó como una leyenda de su tierra. Pero la curia no la quiere vender.

“Arias Trujillo –dice Gustavo Álvarez Gardeazábal en el prólogo de En carne viva– usaba la prosa como espada, la idea como catapulta y la exquisitez castellana como escudo”.

escritor@gustavopaezescobar.com

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