Por: Santiago Gamboa

Bobadas crueles

Quienes quieren desensillar al presidente usando los diálogos de La Habana como pretexto están listos para lo que sea: para lo obvio y lo sutil, para el argumento legal y el populista, pero también, claro, para las puras bobadas, que a veces resultan ser las más provechosas en el terreno electoral.

Lo más facilón y barato es decir que Santos está “enceguecido” por las Farc, y es justo lo que se lee en la última valla ideada por Pacho Santos, o por los asesores de precampaña de Pacho Santos: que su primo Juan Manuel no ve la violencia de las Farc. ¡Hágame el favor! Hay que ser realmente bobo para pensar esto en serio, pero es que los mensajes bobos son los más peligrosos, pues la bobada es tan contagiosa como la risa y no necesita justificación, basta sólo enunciarla, disparar al aire.

Acusar al Gobierno de amiguismo con las Farc, como ha sugerido Uribe, es una monumental bobería de mala fe que ni el mismo Uribe y ni siquiera Pacho Santos se creen ni pueden creer, esto es obvio, pues por mucho que profesen el mismo “nacional-catolicismo” del procurador Ordóñez se sabe que ambos fueron a colegios buenos y que tienen títulos universitarios e incluso que hablan —creo— al menos inglés, lo que permite suponer que de vez en cuando miran canales internacionales e incluso que han leído The Economist, y por lo tanto sabrán que en todos los procesos hay inconvenientes, cosas turbias, y sobre todo un paradigma que se repite: que las víctimas directas del conflicto están en su mayoría contra el proceso precisamente por su dolor, y que siempre hay un reducto fundamentalista que acusa al propio líder de estar aliado con el enemigo, al punto de querer matarlo. A Isaac Rabin no lo mató un palestino sino un ultraderechista judío. Sabrán también, porque no son ciegos, que en toda negociación hay sacrificios sangrantes, y que por eso lo de La Habana se llama “proceso de paz” y no “proceso de capitulación del enemigo”. Sabrán que si se decide negociar con los frentes militares activos habrá que esperar acciones armadas que busquen reforzar las posiciones en la mesa. Esto lo sabe cualquiera con un mínimo de cultura y conocimiento de la historia del mundo.

Por eso ni Uribe ni Pacho Santos creen realmente en las bobadas que dicen, pero no les importa porque no las dicen para sí mismos ni sus iguales, sino para esos muchos compatriotas que, a diferencia de ellos, tuvieron poca educación o ninguna. Lo hacen para engañar a los que no tuvieron sus mismas oportunidades. Por eso las vallas de Pachito no están puestas ni en el parque del Virrey ni en el de la 93 de Bogotá, donde todos han ido a la universidad y se dan cuenta de la bobería, sino en zonas populares, por donde pasa o vive gente que no siempre percibe que la están engañando, que se están aprovechando de su ignorancia. Y esa sí que es la bobería más cruel: usar una educación privilegiada no para ilustrar y guiar al que no la tuvo, sino para confundirlo, envenenarlo, dirigir su odio. Para hacerlo escupir para arriba mostrándole fantasmas donde no hay nada más que egocentrismo y ambición.

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