Por: Saúl Pineda Hoyos

¿Bogotá Borbónica?

En un patrón que presenta matices con otras metrópolis, la actividad económica de la región – capital se sigue concentrando de una manera muy peculiar en Bogotá.

Los trabajos que me ha correspondido coordinar en el pasado reciente, confirman esta realidad. La ciudad representa hoy un 83.8% del PIB de Cundinamarca. En ella se concentraron, además, el 90% de las industrias y el 95% de las empresas de servicios creadas en la última década. No hay evidencia de que exista fuga masiva de empresas y de empleo hacia la Sabana. Por el contrario, la importancia del mercado de la capital es un gran incentivo para que las empresas se mantengan en ella. Así lo revela el hecho de que en los primeros diez años de este siglo, en materia de recaudo de impuestos, Bogotá solo haya perdido en su participación cerca de dos puntos del ICA y tres del predial en relación con los municipios de la Sabana.

Sin embargo, en ese mismo período destaca la expansión de actividades productivas en los corredores más tradicionales -la calle 13 y la autopista sur- así como en ejes de nuevas actividades industriales y de almacenamiento, alrededor de la periferia occidental. Esos asentamientos son ahora visibles en Mosquera, Soacha, Cota, Funza, Madrid y Tocancipá. Las razones de esta localización son, fundamentalmente, los costos crecientes de la tierra en Bogotá. Las exenciones tributarias cumplen un papel menor.

Pero que no haya ocurrido mucho en el pasado reciente no significa que no vaya a ocurrir en los próximos años. Los planes de ordenamiento territorial vigentes en 22 municipios de la Sabana, permiten estimar una oferta futura superior a las 10 mil hectáreas para uso industrial en ese territorio. Las presiones que esta normativa representará sobre los suelos de protección y sobre la oferta de servicios públicos son innegables. En consecuencia, parece inaplazable un ejercicio anticipativo entre el Distrito Capital y los municipios de la Sabana para establecer acuerdos eficaces –con instrumentos disponibles- en torno al desarrollo sostenible de las actividades productivas en la región.

Por esta razón, la decisión del Alcalde Petro de condicionar la venta de agua en bloque a los municipios de la Sabana a la adopción de un modelo de desarrollo urbano similar al que quiere para la capital, aunque fundada en un principio razonable, suena a una imposición de reglas de juego en el ajedrez territorial.
 

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