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Andrés Hoyos 11 Jun 2013 - 11:00 pm

Bogotá: el desastre

Andrés Hoyos

La suerte en Bogotá está echada... como si fuera una perra sarnosa a la que le acabaran de dar una tremenda paliza.

Por: Andrés Hoyos
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Las sucesivas revelaciones del carrusel de la contratación sobre el Concejo de la ciudad y sus miembros han llevado a esta corporación a un desprestigio tan hondo, que hoy uno tiene la certeza de que está conformada por una pequeña minoría de gente honorable en medio de una marabunta de malhechores. Por su lado, el alcalde Gustavo Petro se ha paseado por todos los matices posibles de la palabra incompetencia y no pocos de la palabra autoritarismo. El desprestigio mayor, por supuesto, nos cae encima a los ciudadanos que los elegimos a ambos en una suerte de ebriedad colectiva. Nos parecemos al borracho que amanece en un prostíbulo sin saber cómo llegó allí la noche anterior.

Empezando por la segunda parte, va quedando claro que habrá referendo revocatorio para decidir si Petro sigue en su puesto o se va para su casa y, como de costumbre, la estrategia de defensa anunciada es la peor. Uno pensaría que el militante orgulloso que solía ser el alcalde intentaría ganar la batalla de la revocatoria, es decir, obtener más votos a favor de su permanencia en el puesto de los que obtendrán quienes quieren sacarlo, pero no. Sus alfiles anunciaron que la idea es pasar de agache y ganar por WO. Mi sentir es que la carrera política de Petro no resiste una votación en la que los revocantes sean el 80% o más, así no se alcance el umbral aproximado de 1,2 millones de participantes necesario para dar validez al proceso. Si el uso de las armas entrañaba la peor forma del autoritarismo del joven Petro, lo que se demuestra ahora es que este autoritarismo subsiste en él en la noción de que todo adversario es un mafioso y de que, por ejemplo, la recolección de firmas implicó fraude electoral, según lo cual Miguel Gómez tendría que ir a templar a la cárcel. Pese a que no firmé las planillas en su momento, mucho menos me gusta que me digan mafioso, de modo que votaré a favor de la remoción del alcalde. Un factor adicional me induce a participar y es que el alcalde y su grupo se hayan hecho a una copia de la lista de firmantes. Nos dicen que no, que desde luego que no van a hacer nada inadecuado con la dichosa lista, o sea, que sí se sacaron la cuchara del comedor con subterfugios pero que no la van a utilizar para tomar sopa. Siento decir que no les creo, sobre todo porque la lista no la tiene sólo Petro sino un personaje de tan difícil digestión como Guillermo Asprilla, cuyo maniqueísmo es más radical incluso que el de su propio jefe.

Pasando al Concejo, no queda de otra que intentar allí también la revocatoria, así la ciudad sufra una relativa parálisis durante meses. Esto no significa que lo que afirma cualquier fuente periodística en una emisora o en un periódico sea la verdad revelada —en estas materias también hay ligerezas—, sino que las evidencias contra un grueso número de cabildantes son tan abrumadoras que es suicida ignorarlas.

Se nos olvida que en la base de la idea democrática de la política está la ilusión de que a las alta funciones del Estado debe llegar una selección de los mejores ciudadanos, de suerte que algo anda muy mal cuando los que llegan son de lo peor. No sirven, por lo tanto, los paños de agua tibia ni las aspirinas. Nada que no sea una cirugía radical promete mejoras de ninguna especie.

  • Andrés Hoyos andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes / | Elespectador.com

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