Por: Luis Carlos Reyes

Bolsas plásticas, IVA y seguridad social

Se ha dicho que los supermercados les van a pasar todos los costos del nuevo impuesto de las bolsas plásticas a los clientes. El debate resalta un tema que siempre surge en las discusiones sobre política tributaria. ¿Quiénes son los más afectados cuando se crea un nuevo impuesto?

La respuesta depende, pero es sencilla: el lado más inflexible del mercado siempre paga más. Si al cliente le es muy difícil cambiar sus hábitos de consumo, paga casi todo el impuesto, mientras que si al productor le queda muy difícil cambiar sus niveles de producción, ocurre lo contrario. Quien es flexible cambia su comportamiento para evitar los nuevos impuestos, mientras que a quien es inflexible le toca pagarlos.

En el caso de las bolsas plásticas, tanto consumidores como supermercados son bastante flexibles. El cliente puede adaptarse a usar bolsas de tela que se compran una vez y duran media vida, y el supermercado no tiene por qué vender bolsas una vez haya agotado sus inventarios actuales. Dada la flexibilidad de los consumidores y los comerciantes, ninguno se enfrentará a una carga tributaria importante. El principal resultado del impuesto probablemente sea reducir el uso de bolsas plásticas y no recaudar casi nada.

A esta flexibilidad de adaptación se le conoce técnicamente como elasticidad, ya sea elasticidad de la demanda (en el caso de los clientes) o de la oferta (en el caso de los vendedores).

¿Quién paga los aumentos del IVA? Depende. Las compras de muchos colombianos se limitan a bienes de primera necesidad, por lo cual les queda imposible “adaptarse” a no consumirlos. Por su lado, las empresas no tienen problema – sobre todo en el largo plazo – en ajustar su producción y vender menos. Por ello, el aumento en el IVA seguramente nos da más duro a los consumidores que a las empresas, especialmente en lo que respecta a los bienes más indispensables.

Un último ejemplo para quienes quieran ganar en la competencia de cinismos de la oficina, ese deporte colombiano sumo. Pese a que los empleados se sienten agradecidos de que su empleador les pague la mitad de la seguridad social, y de no ser como los pobres contratistas que la pagan toda, la cosa se trata de una ilusión contable. En realidad, las empresas nos cobran casi toda la seguridad social. Lo logran bajándonos el sueldo para pagar su parte del impuesto. ¿Acaso quién tiene más flexibilidad? ¿Un trabajador que necesita el sueldo para vivir, o una empresa que puede prescindir de sus servicios si no le gusta lo que le están pagando?

Perdón por la clase de economía. Tarea: convénzase a sí mismo de que “reducir la informalidad” es simplemente otra manera de decir “subirles los impuestos a los pobres”.

* Ph.D., profesor del Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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