Por: Gonzalo Silva Rivas

Buenas Señales

Así como las naciones latinoamericanas provienen de la misma matriz y comparten intereses dentro de sus variedades y diferencias, sus ciudades tienen un tejido común y una oferta turística que suele presentar muchas similitudes.

Aunque buena parte de las capitales, por ejemplo, no figuran en los portafolios como destinos acreditados y más bien son puerta de entrada a una diversificada oferta al interior de sus países, han sabido articular estrategias hacia dos modalidades que en el continente toman fuerza y recogen frutos: los negocios y la cultura.

El papel del comercio en la región, el crecimiento económico y los niveles de competitividad, junto a su patrimonio histórico y ancestros, les han dado un rasgo distintivo que les permite convertirse en atractiva propuesta.

Ciudades como Lima y México D.F. le apuestan con éxito al turismo gastronómico. Buenos Aires se la juega con el de parques y cultura. San Salvador y Guatemala le trabajan a la oferta arqueológica; mientras Panamá se vende como destino de compra; San Juan, ecológico, y varias capitales caribeñas son afinados productos de sol y playa.

Bogotá, entre tanto, articula una amplia gama de posibilidades y anda en búsqueda de una identidad turística que la acredite internacionalmente. Compite con positivos resultados dentro del mercado del turismo de negocios pues no en vano es la cuarta capital latinoamericana en organización de congresos y convenciones y la quinta en confiabilidad para la actividad de bienes y servicios.

Y no obstante promoverse además como destino de salud y gastronomía, su principal fortaleza está dada en el turismo cultural, generalizada alternativa regional en la que marca diferencia. A excepción de Buenos Aires, su competidora de mayores quilates, Bogotá tiene en esta modalidad un factor de atracción con gran peso, tanto por su rico patrimonio como por su variada agenda diaria. La ciudad reúne condiciones para recobrar el título de Atenas Sudamericana, otorgado siglo y medio atrás por el humanista español Marcelino Menéndez.

Un valioso aporte para ratificar su dinámica cultural ha sido la entrega por parte del Instituto Distrital de Turismo de 76 portentosas señales turísticas peatonales en la Candelaria, pequeño corazón histórico que congrega el más cuantioso legado de museos, teatros, bibliotecas, monumentos, iglesias coloniales y galerías de arte de la ciudad. Buenas señales de que empieza a pisar duro en las grandes ligas del turismo internacional, como advierte Luis Fernando Rosas, su director.

gsilvarivas@gmail.com

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