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Augusto Trujillo Muñoz 20 Dic 2012 - 11:00 pm

Lo bueno y lo malo

Augusto Trujillo Muñoz

Colombia es una patria multinacional. La diversidad de su geografía y de su historia es apenas comparable con la de su paisaje humano.

Por: Augusto Trujillo Muñoz

La región caribe, el Magdalena medio, la vieja Antioquia, el altiplano cundi-boyacense, el gran Cauca, la Orinoquia, el Tolima grande, el macizo andino del sur, la región amazónica, etc., expresan diversas “maneras de ser” que, si bien se entrelazan en la condición genérica de colombiano, mantienen un alto grado de identidad comarcana. Colombia, en su conjunto, carece del peso específico histórico-cultural que caracteriza a otras comunidades del mundo. Por eso es difícil hablar de “lo colombiano” como de una cultura. Nuestra historia está llena de personajes buenos y malos pero olvida el suceso regional. Por encima de éste se instaló una especie de historia de elites que ha impedido la consolidación de objetivos regionales de movilización social.

Los gringos, por ejemplo, crecieron en torno al “sueño americano”, un curioso mito que pertenece más al pasado que al presente. Sin embargo aún funciona como leitmotiv de la sociedad norteamericana. Entre nosotros ese fenómeno es fundamentalmente regional. El espíritu emprendedor de los paisas sirvió no sólo para impulsar su desarrollo, sino para expandir sobre buena parte del país la cultura del café. La música Caribe y/o la andina, según el caso, han servido para que algunas de nuestras comunidades construyan propósitos de desarrollo colectivo. El coraje santandereano es proverbial y hunde su raíz en una vocación libertaria que, históricamente, se expresó de manera diversa, según el contexto geográfico y social.

En ese sentido no es fácil decir qué fue lo mejor del año para los colombianos, en su conjunto. Su mejor símbolo de cohesión social ha sido, quizás, el buen desempeño de su selección de fútbol. En medio de una malhadada polarización, y de una desigualdad que induce a la exclusión, la selección nacional es una de las pocas cosas que une a los colombianos de todas las tendencias y de todos los estratos. A cada colombiano se le rompió algo por dentro cuando su selección de fútbol fracasó en el campeonato mundial USA/94. Los dirigentes y los futbolistas de entonces adquirieron una deuda histórica con la sociedad colombiana, que nunca pagaron.

Así mismo, lo peor que le ha ocurrido al país este año es el proceso de recentralización. Acentuado paulatinamente con el paso de los años, terminó frenando el tránsito de la descentralización a la autonomía territorial. El gran aporte de la Constitución del 91 no es la descentralización sino la autonomía territorial. Por desgracia ésta permanece sin estrenar, mientras aquella ve afectado su alcance. Es increíble: el proyecto de ley sobre régimen departamental que discutió el Congreso, en esta última legislatura, llegó al extremo de sustituir el concepto de descentralización por el de delegación. Ya ni siquiera se cuidan los términos. Es una regresión que provoca la inconformidad comarcana. Las elites no aprenden: así comenzó la independencia.

Nota. Esta columna sólo reaparecerá en la última semana de enero. A mis amables lectores les deseo felicidad navideña y el mejor suceso para el nuevo año.

*Ex senador, profesor universitario, atm@cidan.net

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