Por: Columna del lector

Burton, el poeta de lo extraño

Por Vannesa Santos Cataño

Cada vez que Tim Burton coge una película la hace suya. No solo por presentar personajes con características físicas extremas y monstruos que habitan en mundos fantásticos, marcados algunas veces por lo gótico del expresionismo alemán y otras por colores tan pasteles que incomodan, sino porque sus historias siempre parten del mismo argumento: los rechazados son los verdaderos héroes.

En varias oportunidades Burton ha confesado que Big Fish, Edward Scissorhands, Ed Wood, The Nightmare Before Christmas y Frankenweenie son sus películas más personales y que todas ellas guardan relación con su propia vida. Por ejemplo, el concepto del personaje de Edward Scissorhands nació a partir de un dibujo que el director hizo en su adolescencia, en el que expresaba su incapacidad para entablar comunicación con los habitantes de su barrio en Burbank, solo que en lugar de tijeras, este tenía cuchillos como manos.

En todas las películas de este director se encuentra la figura del outsider, el rechazado y solitario que es incomprendido por los demás. No obstante, para las historias de Burton no aplica el argumento más usado en los films de monstruos; el de perseguirlos y destruirlos, sino que por el contrario, estos logran integrarse sin que eso signifique que deban cambiar su monstruosidad para ser aceptados. En Edward Scissorhands, Burton se ríe del vacío de una sociedad aburrida y repetitiva en una escena: las mujeres que antes se habían burlado y aterrorizado de Edward por su aspecto están haciendo fila para que él les haga un corte de cabello a su estilo, porque se ha convertido en casi un sex symbol para ellas. Lo cual resulta bastante curioso porque fuera del film, este personaje tomó el mismo rumbo y fue un ícono de moda entre los jóvenes “rebeldes” en los 90 en Estados Unidos.

La figura del antihéroe surge como una reacción entre realista e irónica para entender la realidad. El Batman de los cómics, el cine y la tv muchas veces fue considerado como un héroe, no obstante, el Batman de Burton se aleja de eso y se encamina hacia el antihéroe, pues es un personaje que combate el crimen por satisfacción personal y es aceptado solo por haber ayudado a la sociedad. Batman y su alter ego, Wayne, se mueven en una dualidad permanente. Por esto, en Batman Returns, El Pingüino le dice: “Estás celoso porque yo soy un monstruo de verdad y tú tienes que usar una máscara”, a lo que Batman responde: “Quizá tengas razón”.

Catalogado como el “poeta de lo extraño en Hollywood”, en cada película Burton crea sus propias reglas y presenta todo de un modo inverso. Los personajes que son juzgados de freaks o monstruos se convierten en sus consentidos y son los que finalmente le aportan algo a esa sociedad tan superficial que satiriza constantemente. Desde la estética también se plantea esto; maquillaje, disfraz y vestimenta son recursos para trabajar en la construcción que un personaje que, en esencia, siempre es el mismo. Él mismo.

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