Por: Oscar Guardiola-Rivera

Cacofonía

En medio de la cacofonía de periodistas y letrados repitiendo palabras como “populismo”, “división” y “malgastar”, al reaccionar a diestra y siniestra —más a la diestra— ante la muerte de Hugo Chávez, se perdió de vista la otra noticia que circuló como fuego en redes sociales y medios internacionales acerca de Latinoamérica.

Se trata de una noticia incómoda para la diestra, neoconservadores y liberales sólo de nombre, quienes pretenden borrar de nuestra memoria el pasado inmediato de los años setenta que explica en buena medida las actuaciones de Chávez y la actual siniestra latinoamericana.

Me refiero al juzgamiento en Argentina de los militares implicados en la Operación Cóndor. Dicha operación coordinó a los organismos de seguridad de la mayor parte del continente, con la aquiescencia de los Estados Unidos, para perseguir y asesinar en al menos tres continentes a militantes de las varias izquierdas latinoamericanas.

Las varias izquierdas no eran las que algunos periodistas y novelistas de hoy se inventan al distinguir de manera ramplona entre una izquierda “buena” (pragmática, vegetariana) y otra “mala” (vociferante, carnívora y, aquí va, populista). Había socialistas, marxistas mas y menos dogmáticos, nacionalistas revolucionarios (incluyendo militares, Chávez no fue el primero), prolucha armada y pacifistas, indigenistas, feministas y demás. Lo que los unió, cuando y donde ello ocurrió, fue la experiencia común de exclusión y rechazo de diversos sectores populares —trabajadores, campesinos, indígenas, afrolatinoamericanos, mujeres—, respecto de los cuales la cultura dominante había asumido desde el siglo XIX que no eran lo suficientemente maduros o letrados como para gobernar.

Esa actitud rayana en el etnocentrismo es la que se adivina en el uso peyorativo del término “populismo”, con el cual se hace invisible de un plumazo la larga historia de la política de masas en la región. Se asume, por ejemplo, que los miles o cientos de miles de personas que han desfilado frente al féretro de Chávez no lo hacen por convicción y razonamiento propio sino por ignorantes, seducidas por un caudillo medio payaso o simplemente compradas con dineros del petróleo. De ello se concluye con rapidez que, a pesar de todas las elecciones y de sobrevivir un golpe, en la Venezuela bolivariana no hay democracia “normal”.

Normal, supongo, como en Colombia, donde sí se respetan el derecho a la propiedad y los otros. Sólo que según el reporte de la Corte Penal Internacional sobre Colombia en Noviembre de 2012, “normal” significó la ejecución entre 2004 y 2008 de una política de Estado dirigida contra la población civil, indígena y afro en zonas ricas en recursos. De no estar mirando la paja en el ojo ajeno, ello debería dar para un juicio como el de Argentina.

 

* Óscar Guardiola-Rivera

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