Por: Gonzalo Silva Rivas

Cadena rota

Uno de los mayores potenciales turísticos del continente americano se concentra en la región Caribe, a lo largo de una volcánica franja insular de 230 mil kms2.

La conforman más de una treintena de islas privilegiadas de gran belleza natural y hermosos paisajes, dotadas de reconocida riqueza arqueológica y amplia oferta gastronómica, que sobresalen por la fortaleza de su propuesta turística de sol y playa.

Son básicamente pequeñas naciones con promedio superior al millón de habitantes, a excepción de las Antillas Mayores, cinco grandes islas que en conjunto suman una población sesenta veces superior. El caribeño figura entre los tres principales polos turísticos del mundo, al lado del Mediterráneo europeo y la zona este del Pacífico asiático. 

La región, unida por fuertes lazos étnicos, culturales y sociales, afronta incorregibles problemas en materia de integración aérea y marítima. Viejas trabas históricas adobadas por intereses políticos, desidias burocráticas e ineficiencia empresarial, han desafiado las ventajas y beneficios que genera formar parte de un mismo vecindario geográfico. 

La carencia de acuerdos y ventajas en ambos sectores desestimula la movilización regional y limita su intercambio turístico y comercial hasta el punto de que hoy en día, entre algunas de ellas, viajar de una isla a otra resulta más costoso y dispendioso que desplazarse a Londres o Nueva York. El área insular tiene mayor y mejor conexión aérea con la América continental o Europa, que con sus países miembros. Fenómeno advertido a mediados del siglo pasado por el novelista cubano Alejo Carpentier, cuando denunció la paradoja de unas islas caribeñas desconocidas para los nativos pero frecuentadas por los europeos. 

Quitar las barreras que afectan la libertad de movimiento de los viajeros locales fue el tema que se revivió durante la reciente Conferencia de Jefes de Gobierno de la Comunidad del Caribe –de la que Colombia es país observador–, celebrada en Trinidad y Tobago. Pero serias son las dudas sobre una pronta solución debido a la absoluta inoperancia que en sus 34 años de existencia ha mostrado el organismo para promover la integración regional.

La movilización es una plaga que golpea a la comunidad caribeña, y solucionarla es herramienta indispensable para superar su aislamiento mundial y sobrevivir como región económica y comercial. La cadena de islas insulares y peninsulares está rota. Tiene muchos eslabones sueltos. Solo juntándolos podrá dársele vía libre a una sólida asociación regional que contribuya a vender imagen, abrir mercados y crear empleos. 

PD. Don José Salgar fue un verdadero maestro de maestros. Sus enseñanzas siguen siendo un legado para quienes tuvimos la fortuna de trabajar a su lado. Paz, mucha paz en su tumba.

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