Miguel Ángel Bastenier 4 Mar 2012 - 1:00 am

Cádiz, a los 200 años

Miguel Ángel Bastenier

El 19 de marzo de 1812, día de San José o de "la Pepa" de hace 200 años, se promulgaba en el puerto andaluz de Cádiz la constitución así apodada, que muchos han considerado el acta fundacional de la moderna nacionalidad española, y de cuyo cumplimiento o incumplimiento se derivaron en buena medida las independencias de América Latina.

Por: Miguel Ángel Bastenier
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Durante la mayor parte de esos dos primeros siglos de separación de las nuevas naciones latinoamericanas de España, la vulgata histórica que se impuso fue la inexorabilidad de las independencias en seguimiento de la emancipación de los Estados Unidos, alimentadas con la munición ideológica de la Revolución Francesa y apoyándose en el interés británico en fomentar la aparición del mayor número posible de Estados sucesores del imperio español. Divide ut regna.

Las cosas se ven hoy, a ambos lados del Atlántico, de forma un tanto diferente. La espoleta del cambio fue la invasión napoleónica de España en 1808, y lo que en los anales patrios se conoce como la Guerra de Independencia. Sin ella no se habría producido una conmoción ni tan grande, ni tan súbita. Ante el vacío de poder creado en España por la abdicación de los Borbones, padre e hijo, lo que estalló en lo que hoy llamamos América Latina fue un anhelo de autogobierno, de autonomía, o, mejor, de igualdad en la gobernación y disfrute de los cargos representativos, con la metrópoli, mucho más que la eliminación de los vínculos con la monarquía. El episodio del florero de Llorente fue una anécdota que nadie recordaría si Cádiz 1812 hubiera hecho realidad sus mejores expectativas.

Cuando desaparece el poder central o queda reducido a la Isla del León, al amparo de los cañones de la flota británica, el poder de los virreinatos comienza a sufrir la competencia de nuevas instituciones provinciales o las diputaciones que surgen con la espontaneidad de la defensa de los derechos del monarca, Fernando VII, cautivo de Napoleón. En 1813, con las primeras reuniones de los diputados de Cádiz, entre los que 35 —una cuarta parte del total— eran americanos, hasta que al año siguiente Fernando VII restableció el absolutismo, y entre 1820 y 1823, durante el trienio liberal, la Constitución de 1812 intentó ser la carta de ambos lados del océano. Pero sus principios de igualdad —cierto que relativa— entre peninsulares y españoles americanos se quedaron siempre a medio camino entre el sentimiento reaccionario de parte de las clases dominantes “latinoamericanas”, que no querían innovaciones que las dejaran a merced de las castas, o de los genuinamente ilustrados, tanto americanos como peninsulares, que pugnaban por un autogobierno real, aunque fuera todavía oligárquico. Si Fernando VII hubiera tenido otra formación, más moderna, a Simón Bolívar le habría sido muy difícil prevalecer, y, así, América Latina habría evolucionado hacia la independencia de forma muy distinta y no necesariamente sangrienta.

Pero, una vez proclamadas las independencias, la Constitución de Cádiz se convirtió en un documento interamericano y su huella aparece en la mayor parte de las cartas de las naciones recién establecidas, y cuando los constitucionalistas americanos tomaban como modelo a la Francia revolucionaria, se servían con frecuencia de la versión española de esos documentos, que para algo en España se habían molestado en traducir la modernidad. De todo ello se deduce, como han demostrado historiadores latinoamericanos y españoles en el camino trazado por el francés François Xavier Guerra, como es el caso de los ecuatorianos Jaime E. Rodríguez o Cañizares-Esguerra, el cubano Rafael Rojas, o el colombiano Alfonso Múnera, entre otros, que las continuidades entre colonia e independencias fueron mucho más fuertes que la ruptura que podía parecer ineluctable en la furibunda diatriba antiespañola en el Facundo del argentino Sarmiento.

Durante este año de 2012 en América Latina y en España se celebrarán actos de conmemoración de ese despertar democrático, sin duda ensangrentado, frustrante, insuficiente a ambos lados del Atlántico, pero que no por ello es menos el antecedente de los Estados de derecho de que goza hoy la inmensa mayoría de los pueblos de habla española. En noviembre, ese invento necesario que fueron las cumbres iberoamericanas celebrará en la capital gaditana —allí donde hablan tan parecido a como se hace en Cartagena— la que deberá ser cumbre de las cumbres, la mayor de esas reuniones entre parientes; porque, con todas las incomprensiones, agravios y recelos que siempre surgen en las familias, las cumbres iberoamericanas, sin olvidar nunca a Brasil y Portugal, son las únicas concentraciones de este género entre europeos y extraeuropeos, en las que un grado u otro de consanguinidad es indiscutible. Ni siquiera Evo Morales, tan reivindicativo de lo precolombino, y con todo el derecho a hacerlo, puede asegurar que no lleve la marca de lo hispánico.

Ni es un timbre de gloria, ni tampoco un baldón. Es nuestra historia.

* Columnista de El País de España.

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suesse

Dom, 03/04/2012 - 17:50
Hasta la traducida constitución encierra la semilla de la hstoria no histórica de estos pueblos, y casi-casi, que de la misma España: se dan tantas vueltas para terminar como estábamos todos, aqui y allá,hace 200 años y hasta peor, porque a punta de tecnologías y recursos técnicos la explotación se hace cada dia peor. Emgesa y los virreyes criollos no desviaron ya el Magdalena ayer, dejando sin agua a pescadores y campesinos en el Huila? Los indios y colonos ahora son(somos) sudacas pero hoy en dia, cuando la Madre Patria no puede dar de comer a los suyos de forma adecuada, como ya ha ocurrido cada tanto tiempo (Franco, p.eje, hizo lo suyo!) aqui siempre vienen a parar más de un par, y comprueban que los lazos con estas selvas y montes son más fuertes de lo que ellos quisieran admitir.
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Ar mareo

Dom, 03/04/2012 - 13:21
Como sugiere don Miguel, Espanha en el siglo 19 no era mas el imperio del que hablan los libros de historia, sino un pais empobrecido e invadido y de lo cual no se han recuperado hasta el dia de hoy. La independencia llegaria tarde que temprano, y en este sentido, las guerras de independencia se parecen mas a las guerras de guerrillas de hoy dia, y el papel de los criollos, al de un grupillo decidiendo como llenar ellos mismos el vacio de poder. El mismo feudalismo perdura hoy dia, y aquellos virreyes han sido reemplazados por terratenientes banqueros e industriales, todo cambia para seguir lo mismo
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cofrade

Dom, 03/04/2012 - 07:53
Y que las cosas son como son. No como los demagogos quieren que sean.
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