Por: Aldo Civico

Cali: construyendo comunidad al ritmo de hip hop

Es un fenómeno creciente en Colombia y en América Latina. En las periferias de las ciudades están surgiendo espacios de paz gracias a la iniciativa de jóvenes que frente a la violencia de las balas oponen los ritmos y colores del hip hop.

Esto también ocurre en Cali, en donde lastimosamente uno de estos espacios estratégicos corre el riesgo de cerrarse.

Jefferson vive en la periferia de Cali y confiesa que tiene amigos que roban y que han tratado de reclutarlo: “Me dicen los amigos: venga hacemos una vueltica por aquí bien clara, para que te ganes la liga. Y yo: ¡qué liga!”. Es el medio en el cual miles de jóvenes viven a diario y en donde la violencia no es sólo la de las armas y las pandillas, sino también la violencia de la desigualdad social y de la discriminación. “Cuando está en el hip hop, uno está seguro, porque está evitando muchos problemas en la calle; está evitando violencia, accidentes, balas perdidas”, dice la Leona del Ring, boxeadora y rapera.

Los jóvenes del hip hop son los profetas de sus barrios. Las letras de las canciones, los pasos de breakdance, las rayas de los grafitis, son viñetas etnográficas de sus vivencias, son comentarios sociales a la dura realidad que afrontan. Son actos de resistencia y de transformación. Ritmos, movimientos y colores se convierten en una catarsis que genera, en medio de la violencia, espacios de paz.

Desde hace dos años, la Casa Ayara, en el centro de Cali, es uno de estos espacios estratégicos de paz. En la calle Novena, donde los caleños los domingos se mezclan para compartir diversión y deporte, la Casa Ayara ha dado nueva vida a un espacio y a una tradición que artistas del hip hop habían generado en los años ochenta. Hoy, en la Casa Ayara confluyen decenas de jóvenes desde la periferia de Cali. Aquí construyen amistades y aprenden no solamente sobre breakdance y grafiti, sino también sobre la no violencia y los principios de Martin Luther King. Además, desde la Casa Ayara se gestionaron colaboraciones importantes con la fundación Hip Hop Peña y la fundación Paz y Bien. “Aquí empoderamos a los jóvenes para que sean ellos los generadores de cambio”, destaca Don Popo, un pionero del hip hop en Colombia y fundador de la Familia Ayara.

Desafortunadamente, a finales de junio la Casa Ayara tendrá que cerrar, porque no se encontró patrocinio para el arriendo, de tan sólo $1’300.000 mensuales. De ser así, se va a cerrar un importante espacio de paz en una ciudad que es la séptima más violenta del mundo.

Cali es liderada hoy por un alcalde sensible en lo social, y la ciudad tiene una tradición filantrópica importante (pienso en las familias Carvajal y Garcés). Ojalá se logre encontrar una solución. Porque la seguridad no se logra sólo aumentando el pie de fuerza o empujando el urbanismo social, sino también (y quizás sobre todo) respaldando los procesos culturales independientes, de los cuales en Cali la Casa Ayara y las Casas Francisco Esperanza son ejemplos extraordinarios. De hecho, cerrar la Casa Ayara abriría un vacío que la delincuencia llenaría rápidamente.

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