Por: Santiago Montenegro

La calidad de la educación

En pocos sectores, como la educación, sale a relucir el desbalance que existe entre los verdaderos intereses de la sociedad y las políticas públicas.

Entre los académicos y expertos en educación existe un consenso sobre la necesidad de invertir recursos y aplicar políticas adecuadas en la primera infancia. Es una inversión y un retorno que nada tiene que ver con el ciclo electoral, pues sus resultados sólo se ven muchos años después. El panorama se complica porque ese consenso que existe entre los expertos sobre la atención que hay que prestarle a la primera infancia no se extiende a las políticas que hay que implementar para mejorar la calidad de la educación de los niños y niñas de mayor edad, en primaria, secundaria y terciaria.

Afortunadamente, nuestro país comienza a contar con un grupo, pequeño aún pero muy sólido, de académicos que se han dedicado a estudiar las políticas que sí funcionan para el mejoramiento de la calidad de la educación. Uno de ellos es Felipe Barrera, profesor e investigador de la Universidad de Harvard, quien visitó hace poco el país para dar conferencias en Proantioquia, en la Universidad de los Andes y en una tertulia, donde un grupo de amigos tuvimos el privilegio de compartir con él. Barrera presentó un resumen de evaluaciones de intervenciones en colegios en varios países del mundo, llevadas a cabo durante 15 años. Primero, argumentó la importancia de medir los resultados y de utilizar pruebas estandarizadas para evaluar los resultados en la educación de los niños y las niñas. Segundo, recordó la importancia de corregir los sesgos y errores estadísticos que usualmente se cometen cuando se evalúan las intervenciones en los colegios. Tercero, clasificó las intervenciones de política y la evaluación de sus resultados alrededor de cinco categorías: los estudiantes y sus familias, la organización del colegio, los profesores, los insumos y la gobernabilidad. El profesor Barrera resume luego las políticas en tres grandes temas: a) las que se realizan en el interior del sistema, como capacitación de docentes; b) las que se hacen al sistema, pero desde el exterior, como contratar nuevos maestros mejor calificados; c) las que se realizan en el exterior del sistema, como incentivos a los niños y niñas y a los padres y madres para mejorar la educación. En términos generales, encuentra que las políticas que obtienen los mejores resultados son las externas al sistema y, en particular, las transferencias condicionadas al logro de resultados y todas las que tienen que ver con información a los padres y madres sobre logros de los colegios, sobre los retornos de los esfuerzos y sobre la importancia de la educación. En un corolario que debe ser analizado con atención por nuestros responsables políticos y por los funcionarios del ministerio, Barrera argumentó que algunas políticas han sido muy exitosas, como las becas Paces del gobierno de César Gaviria y los colegios en concesión de Bogotá. Pero otras políticas de insumos, como regalar libros o tabletas o instalar computadores o construir nuevos edificios, en forma aislada de otras políticas apropiadas, no mejoran la calidad. En la discusión salió también a la luz la importancia de crear más conciencia sobre este tema en sectores políticos, en la sociedad civil y en los medios de comunicación. El trabajo de Felipe Barrera y de sus colegas debe ser conocido y difundido en el país.

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