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Juan Manuel Ospina 19 Jun 2013 - 11:00 pm

Calma con la consituyente

Juan Manuel Ospina

Gobierno y FARC tienen que cuidar “sus bases” y defenderse de sus opositores, los extremistas o si se quiere, los maximalistas de lado y lado. Los de la orilla de las FARC que presionan para sacarle lo más posible al gobierno y los de este, a que “les dé” lo menos posible.

Por: Juan Manuel Ospina
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Los negociadores en  la mesa en la tarea de  encontrar el “justo medio” entre ambas posiciones, sabiendo de antemano que al final les espera el  descontento de sus respectivos  maximalistas. Normal  cuando no hay un ganador absoluto que le pueda imponer sus condiciones al derrotado. Ambas partes buscan  sacar lo mejor para los intereses que representan. La ganadora con esa transacción es Colombia  que le permitirá  terminar con  su vieja pesadilla de violencia y arbitrariedades, que no significa  que se vayan a acabar sus problemas, pues solo   cambiarán, al empezar a enfrentar  los desafios propios de una transición hacia un país en paz y reconciliado.

Digo lo anterior, porque aunque el tema de la refrendación de los acuerdos  es fundamental, no es este el momento de ventilarlo; será al cierre  de la negociación, cuando se acuerde  el camino a seguir. Anticipar su discusión puede servir para que las partes se muestren los dientes y sus maximalistas batan palmas, pero en nada le ayudan al proceso. No es aventurado pensar que  se llegará a acordar  que sea una asamblea constituyente,  eso sí con un temario cerrado  definido por  el constituyente primario al momento de votar  la constituyente.  Agenda constitucional  que nacerá de los acuerdos firmados, por ser   la negociación del conflicto y  la subsiguiente tarea constituyente s  partes integrales  del proceso de  construcción de la paz. 

Para poder hablar de una constituyente, donde  estarán presentes colombianos representantes de  una guerrilla en trance de convertirse en organización política democrática, es necesario que se resuelva primero de acuerdo con los puntos aprobados para la negociación, el tema de su participación política para lo cual previamente deben reconocer  sus responsabilidades en el conflicto y respecto a las víctimas, a sus víctimas. Sin ese reconocimiento por parte de gobierno y guerrilla, con  todo lo que ello significa  en términos de asumir    la verdad  de lo sucedido con las víctimas y  aceptar participar en su reparación material y de su dignidad,  no puede plantearse acudir a los procedimientos de la justicia transicional incorporada al ordenamiento jurídico  internacional  como el mecanismo indicado  para hacer la transición de un estado de guerra a uno de paz  y que dada  su condición de máxima aspiración de la sociedad, permite que para su logro se hagan concesiones en la aplicación de la justicia en términos del castigo, siempre y cuando se salvaguarden la verdad y la reparación de las víctimas. Es el  procedimiento jurídico para ser aplicado en el postconflicto. Y debe hacerse bien. Una aplicación indebida o amañada del procedimiento transicional puede indudablemente dejar abiertas las heridas de la guerra, y  propiciar  que la Corte Penal Internacional decida tomar cartas en el asunto. 

Mientras estos puntos, sin duda los más sensibles de la negociación, no se resuelvan y mientras las FARC no sean claras en reconocer que ellas también fueron victimarias, que ya entreabrieron  la puerta para ello, hablar de una constituyente es distraer la atención de lo fundamental con el único fin de complacer a los maximalistas y de pretender  “ensillar antes de traer las bestias”.  

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