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Juan Pablo Ruiz Soto 18 Jun 2013 - 11:00 pm

Cambio climático ministerio y CAR

Juan Pablo Ruiz Soto

En mi columna titulada “Gestión pública y privada. Invierno y emergencias”, hablaba sobre la necesidad de cambio, tanto en las instituciones públicas como en la sociedad civil, para evitar que anualmente se repitan y agraven los desastres, generados por inundaciones y sequías asociadas al cambio climático.

Por: Juan Pablo Ruiz Soto
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Señalaba, además, que era necesario realizar una efectiva gestión, para recuperar nuestras cuencas andinas.

Pues bien, hoy debo decir que ese cambio empieza a darse en parte en el sector público. Gestionado por el Ministerio del Medio Ambiente (MADS), esta entidad y la Asociación de CAR (Asocars) acaban de firmar un acuerdo interadministrativo que inicia su primera etapa con $9.500 millones. El objetivo es fortalecer los procesos de ordenamiento ambiental del territorio, como estrategia para reducir las condiciones de riesgo por medio de la formulación y/o actualización y apoyo a la ejecución de los Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (Pomcas). Este acuerdo tuvo su origen en una solicitud del MADS al Fondo de Adaptación al Cambio Climático después del fenómeno de la Niña 2010 y 2011. Su objetivo: disminuir los niveles de riesgo asociados al cambio climático, mediante la gestión y recuperación de las cuencas hidrográficas. En el 2012, el Fondo de Adaptación aprobó la solicitud del MADS, se formuló y luego se aprobó el proyecto y ahora acaba de firmase el convenio para iniciar su ejecución por medio de las CAR. Lo novedoso de lo propuesto por el MADS es que este proyecto no es para atender desastres; es para prevenirlos.

El Gobierno y la sociedad, recurrentemente, vivimos y atendemos desastres, pero poco hacemos para planear y gestionar su prevención. Los recursos del acuerdo interadministrativo son una herramienta para la prevención y deben conducir a acciones de recuperación y manejo, como volver a “vestir” con vegetación protectora las áreas críticas de nuestras cuencas andinas, destruidas y transformadas. Esto exige cambios en el uso de la tierra en áreas críticas. Retomando como ejemplo el trillado caso de las riberas del río Bogotá, señalemos que es urgente reemplazar el pasto kikuyo, donde hoy se asolean vacas y terneras, por bosque protector, y así sacar algunas casas y universidades y devolverle al río lo que en el siglo XX le sustrajimos.

Los productores rurales deben involucrarse, no solo para vigilar que los recursos asignados sean bien utilizados, sino también cambiando el uso de sus propiedades, sembrando árboles y facilitando procesos de re-vegetalización. Para recuperar las cuencas, se debe promover, entre productores y propietarios rurales, el cumplimiento de la ley y maximizar el impacto positivo que este acuerdo interadministrativo puede generar.

Para iniciar por una acción efectiva y eficiente, debemos recuperar en cada propiedad las rondas de ríos y quebradas. Esto requiere conciencia y voluntad. Debemos cambiar la práctica de los productores de deforestar hasta el borde de los ríos y quebradas. Las CAR deben exigir el cumplimiento de la ley de protección de cauces de agua y apoyar a quienes ya iniciaron o inicien procesos de reforestación.

 

 

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