Publicidad
Aura Lucía Mera 25 Mar 2013 - 11:00 pm

Campos de concentración

Aura Lucía Mera

No tienen otro adjetivo. EN eso se han convertido las cárceles de Colombia, ante la indiferencia de todos nosotros, los que nos consideramos “ciudadanos de bien” y nunca en la vida hemos estado internos en ninguna.

Por: Aura Lucía Mera
  • 92Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/campos-de-concentracion-columna-412460
    http://tinyurl.com/lyq8dq9
  • 0

 Con el agravante de que si el detenido es “gente decente” o “tiene palancas políticas” o ha sido un duro paramilitar o guerrillero, o es millonario, tiene prebendas a las que los del montón, léase atracadores, apartamenteros, vendedores de drogas al por menor, o sea, los del pueblo, no tienen derecho. De ellos, que son los más, nadie se vuelve a acordar que existen, que son seres humanos.

Pero nos hacemos los de la vista gorda. Y este problema lleva años, con la complicidad de los gobiernos y toda la sarta de dirigentes que nos ha tocado padecer durante décadas y décadas...

Para muestra, este artículo, publicado en El País de Cali en marzo de 1963, hace la bicoca de 50 años: “Funcionarios de la cárcel Villanueva en Cali dieron a conocer los graves problemas que afrontan los presos a consecuencia de la falta de salubridad, así como de orden interno y hacinamiento dentro del establecimiento”.

Me consta lo de Villanueva, inexplicablemente rebautizada Villa Hermosa. Hay que tener hígado para darle este nombre. Esta cárcel constituyó desde su construcción uno de los más grandes negociados del pueblo (Cali). Su estructura siempre presentó filtraciones de agua, sus sanitarios fueron insuficientes, su capacidad mucho menor de lo que desde un principio le empaquetaron: mala ventilación, todos los olores se amotinaron desde su comienzo. Me consta porque en ese entonces visitaba el penal como voluntaria... Con un grupo de amigas y el apoyo del presidente Lleras logramos dotarla de los primeros talleres de trabajo para que los detenidos pudieran trabajar y ayudar a sus familias. Recuerdo de Blanca de Osorio era el ángel de la guarda, desde su cargo de trabajadora social... Cincuenta años hacinando gente como animales. Cincuenta años de horrores que jamás conocemos o no queremos conocer, porque esos seres son invisibles para el resto de la sociedad. Incomodan. Han delinquido, ergo, a podrirse. Igual que un holocausto sin gas, porque también mueres de tuberculosis, de infecciones, de violaciones, de tristeza, de sida... Y no queremos enterarnos...

Así pasa en todas las cárceles del país. O en el noventa por ciento de ellas. Se convierten en campos de concentración, en escuelas de violencia, maltrato y abusos sexuales. Pero no nos importa... De esto no se habla. Presidentes, ministros, congresistas, alcaldes, gobernadores, desde hace más de cincuenta años que se desentienden de estos seres humanos y los desechan, para convertirlos en verdaderos monstruos, o en víctimas que se consumen lentamente con el silencio cómplice de los que “estamos afuera”...

Las cárceles colombianas son nuestra mayor vergüenza... Nos escandalizamos cuando algún detenido se escapa, pero ignoramos esos miles y miles que están muertos en vida. No tienen derecho a sanitarios, ni camas, ni dignidad... Y así hablamos de paz, de justicia y de equidad. A ver si esta Semana “Santa” nos da tiempo a reflexionar...

  • Aura Lucía Mera | Elespectador.com

  • 0
  • 16
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • Plácido Domingo presenta una nueva final de su concurso Operalia
  • La fortaleza me la da mi hija: Nairo Quintana

Lo más compartido

  • Medellín y Santiago de Chile, las mejores ciudades para vivir en Latinoamérica
  • El 'Ice Bucket Challenge' sólo ha generado en Colombia $50 mil
  • Opinión Ago 20 - 10:00 pm

    Vaginal

Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio