Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Capitalismo, agua y pobreza

La apropiación de los recursos naturales y sus servicios ecosistémicos genera controversia.

Mi columna del pasado 6 de octubre, “BanCO2: quiebra y sequía”, causó polémica, pues en ella defiendo el pago por servicios ambientales (PSA) como un reconocimiento a la propiedad y al poder de uso o transformación del medio natural.

Para propietarios en áreas con buena cobertura de bosque y páramos, como en la Zona de Reserva Campesina de Cabrera (Cundinamarca), conservar el monte y recibir PSA por ello es perder autonomía alimentaria y poder sobre el manejo del territorio. Para otros, como los campesinos de Machetá (Cundinamarca) —quienes en la cultura agraria de tumbar para producir han acabado con los bosques—, hoy el PSA contribuiría para dedicar parte de su predio a la recuperación de quebradas que atraviesan o colindan con sus predios.

Actualmente, aun a sabiendas de que están destruyendo las fuentes de agua, muchos campesinos tumban el bosque para producir comida. Del agua que pasa por su finca se benefician otros más abajo: personas que no les ayudan a pagar la escuela de sus hijos, ni alimentan su familia. Se entienden los intereses y las circunstancias económicas que mueven al campesino propietario a talar hasta el borde de la quebrada. Desde su condición, conservar para beneficio de otros no es fácil.

Tanto las posiciones de campesinos que habitan zonas donde hay mucho monte y agua, como las de los campesinos que habitan zonas donde el agua es escasa, se entienden. Ambas son expresiones de una gran controversia: ¿La destrucción ambiental es o no es consecuencia del capitalismo? ¿Desde la economía de mercado hay maneras de gestionar la conservación?

Naomi Klein, una influyente líder ambientalista global, en su libro titulado Esto lo cambia todo: El capitalismo contra el clima, argumenta que si no abandonamos la ideología del libre mercado y el modelo económico predominante, la sostenibilidad no es posible.

A mi entender, el mundo no es de blancos y negros: nos movemos en tonos grises. Si seguimos a Klein, antes de cambiar el modelo económico predominante es más probable que las sequías y las inundaciones acaben con nosotros.

En la lógica del pequeño propietario y productor campesino, que define desde condiciones impuestas por el mercado y el sistema económico local y global, el uso de un pedazo de planeta —su minifundio—, el PSA puede evitar que use el 100 % del área de su predio para producir comida, evitando la destrucción de servicios ecosistémicos y los efectos sociales y económicos que refuerzan el circulo de pobreza.

El PSA —herramienta que usa principios de la teoría económica neoclásica, incluido el propósito de maximizar utilidades— contribuye a conservar la estructura ecológica principal en los territorios y permite que los vecinos tengan agua y mejoren bienestar y producción. Si bien el ser humano, por diversas razones y aspectos culturales, conserva, en algunos casos es necesario compensarlo. El PSA es un acuerdo voluntario de compensación y redistribución que puede contribuir a la construcción de la paz y disminuye nuestra vulnerabilidad frente al cambio climático. Conservar paga y en algunos casos la negociación y la transacción económica son necesarias.

 

@Juparus

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