Por: José Roberto Acosta

Capitulación tributaria

La propuesta de reforma tributaria parece una declaración de frustración e impotencia de nuestro Estado contra los poderosos.

Una capitulación ante la incapacidad de hacer pagar los impuestos ya existentes.

Se plantea reducir en dos terceras partes el impuesto que hoy pagan los capitales golondrina sobre sus ganancias en nuestro mercado de deuda pública, como si dichas inversiones trajeran algo bueno al país, mientras en el mundo se evitan por sus efectos cambiarios adversos y la volatilidad que generan a los mercados. A la vez se plantea reducir el impuesto a las herencias, desde el 33% al 10%, que le ahorraría al hijo del principal banquero del país más de US$1.000 millones de su actual riqueza.

Peligrosamente se propone rebajar los costos parafiscales sobre la nómina de las empresas, al convertirlos en un egreso variable dependiente de sus utilidades totales, como si las sociedades, especialmente las extranjeras, no fueran expertas en esconder ganancias para no pagar impuestos, con lo que la financiación del ICBF, el Sena y el Sistema Público de Salud quedaría expuesta al riesgoso ciclo de los negocios y se trasladaría al Estado esta obligación que hoy recae sobre el sector empresarial privado, observándose un cómplice silencio de las centrales obreras, a las cuales no se les tocaron los aportes a las cajas de compensación familiar, bastión de su gran burocracia.

Y por si fuera poco, se plantea obligar a todos los empleados independientes a declarar renta sin importar sus ingresos, bajo la falacia de que eso les permitiría solicitar mínimas devoluciones de impuestos, como si pedir ese beneficio no significara en nuestro país una fiscalización más ácida que la normal y ser prejuzgado de evasor.

Sólo en silencio y rápido se garantizaría la aprobación de tan antitécnica propuesta tributaria, que en lugar de simplificar nuestro enredado régimen le agrega conceptos e impuestos nuevos. En lugar de mejorar la distribución del ingreso, endureciéndoles el modelo de acumulación a los que más tienen, sólo se atreve a incluir a la clase media independiente en el galimatías de declarar renta.

Y, ¿qué esperar de nuestro Congreso, gran privilegiado de un sistema pensional que, junto con la clientela burocrática estatal ya jubilada, se consume la totalidad del recaudo anual del IVA? Pues que capitule.

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