Por: Iván Mejía Álvarez

Carita feliz

La cara de James era un poema el día en que el Real Madrid ganó la Champions en Cardiff. Solo, con su maletica, buscando el bus, aburrido y triste. James sabía que esa había sido la última oportunidad que había tenido para jugar un partido importante con el cuadro blanco y que su ciclo en la institución estaba completamente clausurado. Zidane había dado el jaque cuando lo envió a la tribuna.

La cara de James era otro poema cuando llegó a la conferencia en que el Bayern Múnich lo presentaba oficialmente. Entre su valedor Ancelotti y el presidente del equipo bávaro, Rummenigge, James miraba lleno de optimismo y felicidad. Su agente, Jorge Méndez, le había tirado un flotador cuando se vencían los términos y no había solución a la vista, pues ningún club del mundo tenia los 70 millones de euros que quería Florentino y se acercaba peligrosamente el momento en que el club le negaría el derecho a ir a la gira por Estados Unidos, pues el presidente se había comprometido con Zidane a sacarlo de la plantilla sí o sí.

Gana James, que encuentra un club grande en el que puede reencontrarse, reverdecer, mostrar su juego, ser valedero en las instancias importantes. Gana porque recibe una bocanada de oxígeno por parte de Ancelotti, quien confía en su fútbol, el que reconoció en la primera temporada en el cuadro blanco, y vuelve a ser feliz y a luchar por una titularidad.

Gana el Bayern, que consigue un buen refuerzo, un jugador que peleará por un puesto en el once. Un jugador que factura en imagen y en venta de camisetas. Un futbolista que si reencuentra su nivel puede ser estrella por su juego.

Gana Zidane, que planteó en su momento a Florentino la disyuntiva: “no lo quiero ver en la siguiente temporada”, y el presidente, por mucho que quiera a James, por mucho que lo haya defendido, termina dándole gusto.

Y pierde mucho el Real Madrid institución. El jugador le costó 80 millones y recuperará diez por el préstamo más una opción de 35 en dos años. Es cierto, se ahorra el salario de 8,5 durante dos años, pero aun así, con todo lo que quiera, el cuadro blanco ha hecho una negociación a pérdida, una ruina en lo económico.

James tiene que luchar por el puesto de titular. Contra Ribéry y Robben, si deciden utilizarlo por las bandas, o contra Vidal, si quieren ponerlo de tercer volante ofensivo. Por eso, para ser titular tiene que entrenar a tope, ser profesional, dejar las niñadas si lo mandan al banco y mantener la boquita cerrada para evitar conflictos como los que tuvo con Benítez y Zidane.

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