Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

William Ospina ejerce un seguimiento entusiasta por el llamado “proceso bolivariano”.

En declaraciones recientes a El Espectador, ha dividido a Venezuela en pobres y ricos, lo que es al menos una visión pobre del autor que ha estudiado a Juan de Castellanos. Ha dicho: “En Venezuela los pobres están contentos y los ricos están molestos. Eso debería significar algo”. Vamos a ver qué otras cosas pueden significar algo para él. ¿Significa algo que después de 14 años de “proceso bolivariano” el 80% de la población se divida entre pobreza extrema y relativa? ¿Significa algo un déficit fiscal del 20% del PIB? ¿Que la deuda externa de 2013 sea diez veces mayor que la de 2003, habiendo contado con los más altos ingresos históricos por venta de petróleo? ¿Que las importaciones del país hayan pasado de 13 a 50 millardos de dólares en el período 2003-2013, confirmando la destrucción del aparato productivo nacional? Nuestra economía es la de puertos; nuestra industria petrolera, una mueca que con el triple de nómina de los años anteriores produce la mitad de los barriles de ayer.

Si viviéramos tiempos isabelinos Shakeaspeare estaría escribiendo una obra sobre la siguiente fábula: un rey decide morir en un reino distinto al suyo, el rey anfitrión lo rapta y no lo deja ver por nadie, los emisarios van y vienen transmitiendo nuevas que son falsas, el moribundo se va convirtiendo en fantasma, los vástagos del reino abandonado no saben qué hacer, todos esperan que el fantasma reaparezca con sed de venganza. Es fábula, ciertamente, pero la realidad se le asemeja. En esta menguada hora continental el turismo político se concentra en Cuba. Los presidentes visitan al enfermo y se llevan información privilegiada para sus respectivas cancillerías, que no es otra que la de repartirse las minas. Eso es lo que el “proceso bolivariano” llama soberanía: una dinámica en la que todos los cancilleres latinoamericanos saben más que cualquier venezolano.

Pero Ospina se explaya en sus apreciaciones: cree que el enfermo de La Habana ha sido un hombre justo; que las elecciones de Venezuela son más democráticas que las de Colombia; que el proyecto cubano ha sido generoso; que la reelección no es necesariamente mala; que a Cuba, después de 50 años, “le ha costado encontrar su camino”; cree reconocer en Venezuela el valor de una “política general”. ¿Cuál? ¿La que desde los poderes Judicial, Legislativo o Electoral produce decisiones favorables al Ejecutivo? ¿La que tilda de apátridas al 45% de los ciudadanos?

En días recientes un diario de Caracas trajo una  foto en primera página: aparecían los hermanos Castro y la presidenta Fernández: dos decrépitos y una actriz peregrina, –pensé. Viéndola, pensé en Eugenio Montejo y en Juan Sánchez Peláez, dos poetas  a quienes el “proceso bolivariano” negó todo obituario oficial.

Colombia podrá haber tenido masacres, guerrillas o narcotráfico, pero puedo asegurarle a Ospina que ninguna decisión política  se ha tomado en Cuba.

Antonio López Ortega. Caracas.

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