Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

El expresidente Álvaro Uribe Vélez ordenó rechazar el fallo inapelable de la honorable Corte Internacional de Justicia a su presidente Santos, el cual había declarado que el fallo sería acatado y respetado.

Con intermediación de Londoño Paredes, los “enemistados” Uribe y Santos conversaron en tres ocasiones y se pusieron de acuerdo para decirles a los colombianos que el fallo no sería acatado. Ambos quebrantaron la palabra empeñada; el exmandatario en la Cumbre de Río había prometido ante el mundo acatar y respetar el fallo. En 2007 estuvo de acuerdo con que el máximo organismo internacional de la ONU revisara la soberanía de las aguas marítimas respecto al meridiano 82 del litigio con Nicaragua, que data desde 1928.

El juego de obtener votos a cualquier precio es un nacionalismo rancio y belicista que produce escozor e indigna.

El exmandatario debe responder por la irresponsable entrega del rico suelo patrio, las concesiones y contratos leoninos, las privatizaciones de las más productivas empresas, las licencias mineras, destructivas del suelo colombiano, la violación de los derechos humanos y la orquestada reforma agraria a sangre y fuego, ejecutada por los narcoparamilitares que con sus votos los subieron al poder.

Preciso recordar que el exmandatario casi nos lanza a una guerra con los hermanos venezolanos. Afortunadamente la diplomacia norteamericana se lo impidió. Ahora, azuza a los colombianos contra Nicaragua, demostrando su talante bélico e incumplidor; cuando pierde arrebata.

La confianza internacional y las buenas relaciones se menguarán. Un estado social de derecho no puede desconocer los fallos de entidades serias y comprometidas con el nuevo derecho internacional que obliga a encontrar pacíficamente justicia y equidad entre los estados.

Lo debido es interponer el derecho que nos asiste, como el derecho de interpretación y, con Nicaragua, emplear la diplomacia internacional.

Despéguese, presidente Santos, de su mandatario adjunto, porque ya son muchos los testimonios en contra, y sin poder y amigos, lo espera la justicia penal.

Ómar León Muriel A. Villavicencio

 

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