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Cartas de los lectores 19 Feb 2013 - 11:00 pm

Una orden de captura

Cartas de los lectores

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Está claro que la orden de captura proferida por la Corte Suprema de Justicia contra Piedad Zuccardi poco o nada sorprendió a los colombianos. En particular a los habitantes humildes de Sucre y Bolívar, que aún continúan viviendo el drama de la pobreza y el olvido.

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Fenómeno de aparente indiferencia generalizada que podría corresponder a la menguada creencia de los ciudadanos en los operadores judiciales y en el sistema carcelario, tras quedar en evidencia cómo, por una parte, los distinguidos internos de la parapolítica acortan sus días en el resort de La Picota, gracias a sus chequeras y a sus pueriles actividades agrícolas, y, por la otra, los miles de indiciados y condenados alargan su agonía por cuenta de las infrahumanas condiciones de salud e higiene que imperan en los estratos bajos de los distintos reclusorios del país. 

O lo que podría ser aún más alarmante, que los ciudadanos hubiesen olvidado el verdadero objetivo de las alianzas criminales que entonces tejieran a cuatro manos los poderosos jefes narcoparamilitares y los perfumados jefes regionales del uribismo: lograr a sangre y fuego la elección de sus candidatos a las alcaldías, gobernaciones y Congreso de la República.

Sin embargo, es de destacar las reseñas del diario El Espectador (“Parapolítica salpica a Zuccardi”, 14/02/13) y la revista Semana (“Otra ficha del dominó”, edición 1607). Del primero, su alentadora advertencia que la captura de la senadora Zuccardi y la detención de los excongresistas Jaime Cervantes y Efrén Hernández “(...) constituyen un segundo aire en las investigaciones de la Corte que buscan desvelar la parapolítica”.

De la segunda, la alerta temprana de que más allá de la suerte que pueda correr Zuccardi en la Corte, lo cierto es que su curul será ocupada por alguno de los vástagos del tenebroso clan de los García Romero.

¿O acaso existe alguien que pueda dudar de los oprobiosos medios utilizados por el clan de los García Romero, para alcanzar sus protervos fines? Porque también está claro que el prontuario criminal que los identifica tampoco fue óbice para que Juan José García Romero asistiera muy orondo, en compañía de su esposa Piedad Zuccardi, a la boda de la hija del procurador Ordóñez, transmutada a la postre en fastuosa coronación del padre de la moralidad pública. “Vivir para contarla”, como diría nuestra máxima gloria literaria de todos los tiempos.

Ramón Francisco García. Ocaña.

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