Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Don José Salgar siempre tuvo una mente joven e innovadora. El haber comenzado a trabajar a la tierna edad de 15 años como linotipista en El Espectador le permitió ser uno de los grandes maestros de maestros del periodismo, no sólo colombiano.

¿Por qué razón ahora se infunde en los menores de 18 años la idea de que no pueden ni deben trabajar? Con esta política se crean mentes ociosas, perezosas, facilistas y sin compromiso con la familia, la sociedad y la patria. Lo que debemos defender es un sí al trabajo digno y un no rotundo a la explotación infantil y adolescente.

Carlos Fradique-Méndez.  

Bogotá.

Maestro

José Salgar fue un maestro del periodismo colombiano. Discreto, oportuno, valiente y firme en sus convicciones. Su nombre entra en la historia de El Espectador, como el de don Guillermo Cano, con tinta indeleble.

Jaime Pinzón López. Bogotá.

Decepción

A mí todavía hoy me duele la esperanza derrotada, hace no mucho, dos años, cuando creímos que una forma diferente de hacer y de pensar la política era posible con el profesor Mockus a la cabeza. Creímos que se podía, pero la avalancha de la derecha uribista, con el presupuesto nacional a bordo, nos propinó una derrota dolorosa que quebró nuestras esperanzas. Ya hoy para qué se quejan todos los que salieron a votar por este presidente para frenar esa ola verde fresca que amenazaba con cambiar las prácticas y derrotar a los poderosos de siempre. Y sin embargo, esa experiencia seguía ahí, quienes participamos en ella confiábamos en que era rescatable, en que podríamos volver a dar la batalla e imponernos con la fuerza de la juventud y las ideas sólidas. Pero no, leo ahora en su periódico un artículo que titulan “La debacle de la ‘Ola Verde’” y siento desazón por a dónde llevaron nuestras esperanzas y nuestros esfuerzos. La misma vaina, los mismos politiqueros buscando puestos a cambio de apoyos para el Gobierno, las mismas mezquindades. Todo era mentir, nos engañaron descaradamente. ¿Y ahora? Debemos los jóvenes entender que nuestro destino es la desesperanza en el manejo de los asuntos del Estado. ¿Quién, así, puede volver a querer participar? Conmigo no cuenten.

Federico Cárdenas. Manizales. 

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