9 Jul 2008 - 9:26 pm

Uribe y Fajardo

Expedición Robinson fue el primer reality que se produjo en Colombia y salió al aire en 2001. Me acuerdo que era tema diario de conversación, el formato era novedoso, al menos para el país, y la idea de poner una muestra escogida de personas a interactuar en una isla, muy al estilo de El Señor de las Moscas de William Golding, La Isla Misteriosa de Julio Verne y, por supuesto, Robinson Crusoe de Stevenson. Uno se preguntaba ¿Quién ganaría?, ¿el más astuto?, el más apto físicamente? Pues resulta que en los consejos que se realizaban en las eliminatorias semanales se preguntaba: ¿quién debe ser el Robinson colombiano?

Por: Elespectador.com
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A mí la pregunta me llamó la atención porque tiene unas connotaciones morales fortísimas. Sobre todo porque Survivor, el mismo reality en su formato original, era ganado por quien menos valores y más sangre fría tuviera de manera que, habiendo engañado a todos, llegara hasta la final. Eso tiene mucho sentido si estamos hablando de supervivencia, ¿no? ¡Pues no!

Eso de sobrevivir será una hazaña para los gringos, pero para Colombia todo se trataba de quién se merecía ganar ese lugar, quién podía representar a todos los colombianos. Este ‘modelo’, más que encarnar lo que somos, debía encarnar lo que queremos ser, es decir, es un modelo aspiracional. Nadie va a pedir que nos represente un vulgar ladrón de toallas de hotel como lo somos todos.

Y aquí viene precisamente mi pregunta: ¿cómo queremos los colombianos vernos a nosotros mismos?

La primera temporada de Expedición Robinson la ganó Rolando, un rasta persistente y calladito que no se quería meter con nadie y se ocupó de sus asuntos. Al año siguiente Jaider Villa ganó Protagonistas de Novela y no precisamente por sus habilidades histriónicas; ganó porque “no fue a hacer amigos” sino a hacer su trabajo. Lo mismo que Rolando.

Todo esto vuelve a mi memoria a raíz de la entrevista que le hizo El Espectador a Sergio Fajardo. Fajardo no hace declaraciones sobre sus filiaciones políticas; dice repetidamente que su trabajo es conocer al país y trabajar por los colombianos. De esta manera se abstrae de todo el conflicto uribistas-antiuribistas, y se hace agradable para ambos; como resultado, lidera las encuestas como el favorito entre los posibles candidatos a la Presidencia, claro, después de Uribe. Mientras los bandos se atacan el uno al otro, Fajardo pasa agachado. Se perfila como una opción joven y sin filiaciones políticas. Además está escogiendo el discurso adecuado, el de la conciliación.

Los pequeños parecidos que tiene con Obama (líder, visionario, joven, con poca trayectoria política) me hacen pensar que tiene buenas oportunidades de ganar el voto joven, pero sobre todo me parece importante que está utilizando la misma estrategia que ha dado buenos resultados a nuestros héroes de reality: ocuparse de sus asuntos y no meterse en la pelea. Roba-toallas o no, Fajardo encaja felizmente con el modelo aspiracional que tienen los colombianos, el tipo emprendedor, trabajador, astuto, con fuertes valores familiares, mejor dicho, como para presentarlo cual novio oficial en los ajiacos de domingo, muy al estilo de Uribe en sus primeros momentos. Lo importante no es si Fajardo es o no es todas estas cosas, lo importante es que las parece, y las encuestas muestran que la estrategia le puede funcionar.

Si alguien quiere ser el próximo presidente de este país tiene que ser más astuto que Uribe. Enfrentársele abiertamente no parece lo más ingenioso con su creciente popularidad, crecer bajo su sombra tampoco porque donde Uribe se caiga lo aplasta. Lo que las encuestas publicadas el domingo dicen es que los colombianos, para elegir un representante, tienen el mismo modus operandi que cuando escogen al ganador de un reality, se está buscando al mismo personaje, un individuo trabajador, que juegue por las líneas de centro, es decir, una Paula Andrea Betancourt, no una Isabella Santodomingo (cuyo juego fue más polémico y radical).

Algunos candidatos olvidan que el pueblo colombiano tiene la misma actitud frente a la política que frente a la televisión.

Catalina Ruiz Navarro.

Bogotá.

Pensiones

Ahora que se habla de la salud y en general de la seguridad social, quizá sería útil que nos informaran frente al espinoso e igualmente injusto tema de las pensiones. No es justo que colombianos que han trabajado toda su vida y han sido cumplidos en el pago de sus obligaciones, para recibir una pensión se vean obligados a esperar —y ello en el mejor de los casos— más de dos años.

Es más, el propio Seguro Social concentra sus esfuerzos en negar, por cualquier motivo, la resolución que permite el pago. Al final, todo termina en líos jurídicos que evidentemente le son favorables al Seguro Social.     

Orlando Mesa.  Bucaramanga.

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