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Miguel Ángel Bastenier 2 Feb 2013 - 11:00 pm

Cataluña y el derecho a decidir

Miguel Ángel Bastenier

El pasado día 23 de enero el parlamento de la comunidad autónoma de Cataluña votó por 85 contra 41 en favor del llamado ‘derecho a decidir’.

Por: Miguel Ángel Bastenier
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Una ‘goleada’ respetable, pero menos de los dos tercios necesarios para enmendar una Constitución. Con ese eufemismo, tan propio de nacionalismos sin Estado que prefieren aproximarse a su objetivo paso a paso, se iniciaba lo que las autoridades legal y democráticamente constituidas del territorio pretenden que sea la ruta a la independencia. Pero las tentativas de separación de Cataluña de España tienen, como todas las cosas en Europa, larga historia.

El Estado español se constituyó por el matrimonio de los Reyes católicos que unía las coronas de Aragón y de Castilla y, con el remate de la conquista de Granada en 1492, culminaba la unidad española, de forma que en la península solo Portugal permanecía al margen. En 1580, sin embargo, los azares de las sucesiones dinásticas y un ejército mandado por el duque de Alba hicieron a Felipe II monarca también de Portugal y colonias. Era una unión exclusivamente en la persona del soberano, con lo que la legislación y la autonomía portuguesas se mantenían intactas, y es de esta época aquello del “imperio en el que nunca se ponía el sol”, porque abarcaba de Asia a América con un buen mordisco de Europa occidental.

Al comienzo de la guerra de los Treinta Años (1618-48) España combatía en tres frentes: en Europa al protestantismo, en el Mediterráneo a los otomanos y en el Caribe a piratas ingleses, franceses y holandeses. En 1640 la guerra principal era contra Francia y el gobernante español, conde-duque de Olivares, había concebido una Unión de Armas para que no solo Castilla contribuyera la defensa del imperio, sino también los territorios de la Corona de Aragón, de los que Cataluña era la parte más rica así como más celosa de sus instituciones, que violentaban los designios del valido de Felipe IV. Y ese año Portugal y Cataluña rompían amarras. España no podía combatir en tantos frentes y prefirió centrarse en recuperar Cataluña. Barcelona obtuvo la ayuda de Francia, para lo que tuvo que constituirse en prenda como protectorado del vecino; pero era una ayuda solo a medias porque a París no le interesó nunca aquel regalo envenenado, y a los catalanes tampoco demasiado, lo que contribuyó al agotamiento de la rebelión y la reconquista castellana de Barcelona en 1652. Los fueros, sin embargo, se mantuvieron en su integridad.

La siguiente prueba de fuerza se produjo con el primer Borbón, Felipe V, coronado en 1700, que liquida los fueros para imponer el centralismo a la francesa. Hasta 1715 lucharon dos bandos, jacobinos contra defensores de la ‘diferencia catalana’, cuyo candidato era el archiduque Carlos, un habsburgo que reclamaba la corona en nombre de la familia reinante hasta 1700. La victoria de los felipistas conllevaría la casi total uniformidad institucional de España, mientras Portugal recobraba su independencia.

Durante la II República (1931-36) se aprobó en 1932 un estatuto para Cataluña que inauguraba un extenso autogobierno, pero en 1936 estallaba una guerra civil de tres años, en parte para impedir lo que el Ejército denominaba ‘disgregación de España’, que barrió con todo lo que fuera democrático incluyendo el uso público de la lengua catalana. Tras la muerte del vencedor de la guerra, el dictador Francisco Franco, en 1975, y el restablecimiento de la democracia, entraba en vigor un estatuto de amplias competencias, al que sucedería, sin embargo, en 2006, un texto que reforzaba aun más el autogobierno, pero que fue recortado por el Tribunal Constitucional, para negar, notablemente, el carácter de nación a Cataluña.

Y en las cuatro décadas siguientes un desarrollo desparejo entre Cataluña y el resto de España ayuda a comprender lo que a muchos puede parecer hoy brote inesperado de irredentismo. Mientras que el país castellanohablante no ha segregado una teoría de España democrática, dejando el campo libre a la narrativa nacional-española de siempre, el catalanismo se esmeraba en recrear una identidad no necesariamente anti-española, pero sí a-española. Con un control absoluto de la enseñanza pública las nuevas generaciones, en muchos casos de quienes tenían el castellano como lengua materna, han crecido con un interés muy limitado por lo español. Se creaba así una materia prima a la que solo faltaba una espoleta y una situación explosiva para estallar. La situación es la gravísima crisis económica y psicológica que hoy padece España, y el detonante un eslogan que ha hecho fortuna: España “nos roba”, porque la diferencia entre lo que Cataluña aporta al Estado y lo que recibe es, según fuentes catalanistas, de 16.000 millones de euros. De ahí a decidir que lejos de España se vive mejor, solo hay un paso.

En 2014 ese derecho a decidir debería someterse a un referéndum en flagrante ilegalidad, que el Gobierno del derechista PP, de Mariano Rajoy, deberá impedir si quiere conservar algún grado de legitimidad ante sus propios partidarios. Esta es la tentativa, tercera o cuarta según se calcule, bien que absolutamente pacífica y de comportamiento externamente democrático, del catalanismo, mayoritario en el país pero no inevitablemente independentista, por deshacer sus antiguos y apretados vínculos con España.

 

 

*Miguel Ángel Bastenier  Columnista de El País de España.

 

 

 

  • Miguel Ángel Bastenier ** Columnista de El País de España. / | Elespectador.com

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Boyancio

Mar, 02/05/2013 - 05:29
Es mejor tener amigos vecinos, que someter a otros por la gracia de un centralismo opresor e irrespetuoso de las prácticas y duferencias culturales que se ven, se sienten, y hacen a los pueblos que los profesan,,.. ¡distintos!
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Boyancio

Mar, 02/05/2013 - 05:35
¡ De pie, caribes! si la pingarria os ha dado la vida suave, la independencia os dará un motivo para trabajar, más que sea un rato en la mañana, y algo por la tardecita. No perdáis las esperanzas de ser libres, respetados, y como si fuera poco: ¡Parte de la solución incluida! Mira que el paraquismo unido, nos está llevando a la temperatura máxima de tolerancia. Bueno que en la samaria no le pararon muchas bolas al Enano venganza, buena por los santamarteros en su estancia.
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virginiavallejo

Dom, 02/03/2013 - 08:27
Dificil opinar en un tema así pero lo preocupante son las consecuencias de tal independencia o de la pataleta hacia la independencia tanto para España como para Cataluña; porque a mi se me hace que si no fuera por la crisis el independentismo no tendría la fuerza que hoy, siempre he pensado que el independentismo catalán dormido es producido desde las élites hacia las bases, donde ha sido preciso catalanizar a todos principalmente a los descendientes de los españoles: no te movilizas por la escalera social catalana sino te muestras catalán catalanista: no?
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