Por: Mario Fernando Prado

Caucanistán

21 policías asesinados, no sólo a mansalva sino también por guerrilleros francotiradores, más docenas de viviendas, puestos de policía y de salud y escuelas destruidas, es el trágico balance que vergonzosamente exhibe este año el Departamento del Cauca, en el que el ta-ta-ta de las metralletas de la guerrilla supera con creces el bla-bla-bla del gobierno promesero.

Y lo grave es que la acción contraofensiva no ha sido capaz de al menos neutralizar esta lepra que sigue carcomiendo veredas y pueblos enteros en los que impera la ley del silencio: nadie quiere hablar mientras que las autoridades dan partes sin novedad. Lo cierto es que, y con razón, a este departamento se le llama ahora Caucanistán por su gran parecido con ese país del Oriente Medio llamado Afganistán, considerado una de las regiones más violentas del mundo.

La situación del Cauca produce tristeza. El conflicto lo tiene sumido en una sinsalida que impide su progreso y su desarrollo. Las gentes viven a la expectativa, esperando el bombazo o la toma o la próxima matanza. Tan sólo los fabricantes de ataúdes están esperanzados en mejores ingresos.

Poco o nada pueden hacer los gobiernos de turno, así como las fuerzas del Estado que allá operan, las que tienen en la prudencia su mejor consejera. Hace unos meses, dos puentes fueron volados luego de que se les quitara la vigilancia permanente que tenían. ¿Por qué y por quién? Averígüelo Vargas. Lo cierto es que las estructuras quedaron seriamente averiadas y hay que tomar sendos atajos para poder transitar.

Lo inconcebible no es que no hayan reparado estos daños criminales. Lo increíble es que siendo la concesión la que tiene el compromiso y el deber de mantener la carretera gracias a los ingresos que recibe del Estado, esté peloteándose esa responsabilidad con el Invías, en una actitud de espaldas con los miles de vehículos que permanentemente circulan por esa carretera.

A eso se le llama no rajar ni prestar el hacha. Y uno se pregunta: ¿dónde está el Estado y sus organismos de control que no obligan al concesionario a reparar los mencionados puentes?

Caucanistán entonces ya no es sólo presa y rehén de la guerrilla. Lo es, además, de la burocracia y el paquidermismo oficial incapaz de hacer cumplir la ley y de ordenar que esos puentes vuelvan a estar en circulación.

 

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