Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Charlas con Pacheco

El multimillonario magistrado Jorge Pretelt trata de convencernos de que hay un complot en su contra por godo, o por odiar a los homosexuales o por su desastrosa sentencia sobre las pensiones, pero lo cierto es que basta mirar el listado de los visitantes a su despacho para saber que su amistad con ese oscuro y desprestigiado abogado Víctor Pacheco no es sólo social.

A partir de 2013 Pretelt autorizó a Pacheco a ingresar a su despacho en cuatro ocasiones, pero además su auxiliar, la doctora Natalia Huertas Torres, y su secretaria, Margarita Elvira Yavar de Flechas, también autorizaron su entrada en nueve ocasiones. ¿Fue a hablar con ellas o con su jefe?

Curiosamente, también en ese mismo período Pacheco visitó a Alberto Rojas Ríos en tres ocasiones, el mismo que seleccionó la tutela de Fidupetrol para su revisión. Y por esa época visitó al doctor José Antonio Cepeda Amaris, hoy auxiliar del doctor Luis Guillermo Guerrero y antes del exmagistrado doctor Rodrigo Escobar Gil, estos dos íntimos de Pretelt y el último contratado por Fidupetrol como su asesor en esta tutela. Esas coincidencias en derecho son indicios.

Veremos si Pacheco cuenta toda la verdad o si incurre en el despropósito de retractarse, como ya lo insinuó algún cercano a Pertelt, desafiando que aparezcan grabaciones que den cuenta de sus “audacias” en este asunto. Ojalá tuviera el coraje de informar si para la selección de la tutela fue necesario hablar con Rojas Ríos —como lo creo— y si eso explica su presencia en su oficina, y cuál es la razón de visitar magistrados titulares y auxiliares justamente para la época en que la Corte Constitucional debía seleccionar y fallar la tutela.

No está demostrada la supuesta conspiración en la que se arropa Pretelt, pero sí que es tan mentiroso como el lagartazo de Nicolás Gaviria. Primero dijo que el doctor Luis Ernesto Vargas conocía desde septiembre la versión de Pacheco, pero tuvo que reconocer que se había enterado el 2 de febrero; aseguró que Pacheco había estado en su despacho un par de veces y fueron 13, y luego anunció su retiro temporal de la presidencia de la Corte y resultó que es indefinido.

Lo que pasa en la Corte Constitucional con el eje Pacheco-Pretelt-González, al que no son ajenos los exmagistrados Alberto Rojas y Rodrigo Escobar, no es nuevo y se cocina en las demás altas cortes. Es vergonzoso que después del ruido que se produjo por la aproximación de Ascencio Reyes y Giorgio Sale a los hombres de la justicia, algunos magistrados no hayan aprendido la lección y reciban a cuanto intrigante o corrupto les pide cita. Sí, esos despachos que deberían ser sagrados, son profanados por particulares cargados de intereses inconfesables y por algunos exmagistrados que deambulan por los pasillos de sus antiguas oficinas donde hoy litigan. Hay quienes van más al Palacio de Justicia en su condición de exmagistrados, de lo que fueron cuando eran titulares. Y esos falsos prohombres litigan dentro de las barandas, les hablan a sus excolegas y exsubalternos, conocen las providencias antes que sus contrapartes, influyen en las decisiones de su interés, y corrompen desde su impecable cuello blanco. No es raro, pues, que Pacheco se la pase visitando a los magistrados, incluidos los auxiliares, cuando el cartel de los exmagistrados hace de las suyas en todas las cortes y a la vista de todos.

Se necesita ser ingenuo o irresponsable, o ambas cosas, para creer que de este episodio la Corte saldrá fortalecida y blindada contra la corrupción, como lo dijo el doctor Mauricio González, quien entre otras no presentó una denuncia contundente sino apenas un memorial baboso. No, la solución sigue siendo la de revocar a todos los magistrados, incluidos los decentes, porque el sistema colapsó. Esa fue la herencia que nos dejó Uribe. Mientras tanto, vale la pena que los togados acepten el reto del doctor Jorge Iván Palacio de permitir una auditoría a sus bienes que no se limite a ellos y sus declaraciones de renta, sino que incluya a cónyuges, novias, hijos, cercanos y su entorno. ¿Cuándo empezamos?

Adenda. Estremecedor el informe de Human Rights Watch sobre la grave situación de Buenaventura, que el Ministerio de Defensa se empeña en maquillar.

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