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Columnista invitado 24 Abr 2013 - 11:21 am

Chechenia en Boston

Columnista invitado

¿Cómo se mezcla el independentismo violento checheno con Estados Unidos?

Por: Columnista invitado
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Tras una intensa búsqueda -y una cobertura mediática abrumadora- los cuerpos de seguridad identificaron y localizaron a los responsables del atentado durante la maratón de Boston. Se trataba de los hermanos, Dzhokhar y Tamerlan Tsarnaev, de 19 y 26 años respectivamente. El mayor fue abatido y el menor está en el hospital, con una herida que quizá nunca le permita recuperar el habla, por lo que quizá tardemos en tener claridad sobre cuál era su intención con esta acción.

Pero lo que sí sabemos es que ambos forman parte de lo que podríamos denominar como segunda generación del terrorismo internacional. Un terrorismo que nace allí donde allí lo local se mezcla con los fenómenos globales. Jóvenes desarraigados, inmigrantes de primera o segunda generación que no logran integrarse en las sociedades de acogida y, sintiéndose desplazados, asumen causas de sus países de origen. Eso fortalece sus identidades y necesidades autorreconocimiento, pero les encierra en un marco de marginalidad que les radicaliza. Una espiral descendente, casi imparable. Fenómenos parecidos que desembocan en formas de violencia –no necesariamente terrorista- las hemos visto en Francia, Inglaterra y España. Individuos entre dos mundos, incapaces de formar parte de ninguno en realidad.

Cómo detectar cuándo el descontento se convierte en obsesión y degenera en violencia es un enorme desafío para las sociedades modernas. Porque, para empezar, identificar estos procesos es algo que va más allá de las meras capacidades policiales y de los cuerpos de inteligencia. Todo el tejido social e institucional debe ser consciente de la existencia de esas dinámicas que crean insatisfacción y pueden llevar a la aparición de pandillas, guetos y, a veces, del terrorismo. La alerta temprana y la prevención deben ser los instrumentos básicos para evitar estas situaciones.

La cobertura mediática, excesiva y abrasiva, dio a los autores del atentado lo que querían. Enorme publicidad personal y para cualquier causa –aún no muy clara, dada la ausencia de atribución- que quisieran tomar. La popularidad personal les permitió salir, por un momento, de su marginalidad y la vaga vinculación a una causa les dio sentido y reconocimiento entre algunos sectores extremistas.

Porque, de momento, no podemos más que suponer por el origen checheno de ambos responsables que hay una -vaga- conexión con los años de conflicto, terrorismo, represión y violencia que ha vivido la República de Chechenia.

¿Cómo se mezcla el independentismo violento checheno con Estados Unidos? Algunos apuntes. El primero: para conseguir la atención de los medios. Golpear en Estados Unidos inmediatamente visibiliza uno de esos conflictos sordos que en el mundo son. Equivocados o no, analistas de todo el mundo, volvemos nuestra mirada hacia esa lejana república, donde la tradicional política de poder rusa choca con deseos de independencia-autonomía y con tensiones de origen étnico-religioso.

En segundo lugar, el yihadismo internacional, antes de luchar en Iraq o Afganistán contra Estados Unidos, ya llevaba años curtiéndose en los conflictos en Yugoslavia y en la periferia de la extinta Unión Soviética.

Cuando George W. Bush declaró que “al mirar en los ojos de Putin, he descubierto que es un hombre muy franco y digno de confianza”, de algún manera, así fuese dudosamente poética, el presidente estadounidense legitimó al presidente ruso y su forma de proceder en su particular Guerra contra el Terrorismo en Chechenia. Una alianza equivocada sólo consagrada por una supuesta comunidad de intereses en la lucha contra el terrorismo, ahora convertido en amenaza global.

Lo cierto es que durante unos minutos, repetidos hasta la insensibilización o el pánico por las cámaras de televisión, Chechenia se hizo presente en Boston. Quizá lo que los hermanos Tsarnaev quisieron lograr.

 

*Miguel M. Benito, Docente en la Universidad Externado de Colombia. Analista y Consultor político.
@mbenlaz

  • Miguel M. Benito | Elespectador.com

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gedanke99

Mie, 04/24/2013 - 21:52
Es evidente que las bombas en la Maratón de Boston, son autoatentados de parte del mismo EU para justificar los gastos de seguridad y a la vez tener motivos para restringir las libertades individuales.
Opinión por:

VERDEMANGOBICHE

Mie, 04/24/2013 - 17:56
Gracias. Excelente columna.
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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

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