Por: Diego Aristizábal

La chispa de los medios

Esta semana vi la película "La chispa de la vida" del director español Álex de la Iglesia quien hace una crítica maravillosa a la espectacularización que los medios de comunicación han adoptado como una forma de sostener su rating.

Tal vez por eso el mismo Mario Vargas Llosa la elogió la semana pasada en el Hay Festival.

Recordemos que hace muy poco el escritor peruano publicó su ensayo: “La civilización del espectáculo” que cuenta cómo en 2008, en plena crisis financiera, los tabloides en Nueva York buscaban como locos un bróker que se arrojara al vacío desde uno de los imponentes rascacielos. Los fotógrafos querían, al captar una imagen semejante, encarnar la hecatombe financiera, querían, como mal se ha llamado en los medios, humanizar el desastre. Sin cuerpo cayendo todo es una cifra, nada relevante. Con cuerpo cayendo hay lágrimas, hay dolor, hay miles de comentarios en los círculos que no pueden obviar el espectáculo.

La “Chispa de la vida” a través de un maravilloso humor negro muestra cómo los medios de comunicación se interesan por la situación de un hombre desgraciado que sufre un accidente en unas ruinas recién descubiertas. La prensa, al enterarse de lo ocurrido, se vuelca hacia este nuevo acontecimiento que en cuestión de segundos es visto en directo por todos los españoles. “¡Qué curioso!, esta mañana nadie quería hablar conmigo y ahora soy una estrella mediática”, dice Roberto, un publicista desempleado que trata de sacar partido de ese morbo que le gusta a los medios y a sus audiencias.

Aparece entonces un curioso representante que intenta vender el drama de Roberto al programa más popular de la televisión de la siguiente forma: “Estás enganchado a la tele y no puedes apagarla porque hay un tipo que se muere en directo y quieres verlo porque eres un morboso. Te pone cachondo el sufrimiento y la muerte”. A partir de ese momento empieza el espectáculo en directo.

La película es un maravilloso pretexto para reflexionar cómo los medios están haciendo su trabajo, qué les interesa realmente, cuáles son sus principios, hasta dónde pueden llegar por una exclusiva y cómo construyen o destruyen a la sociedad.

Los medios de comunicación deben enseñar la comprensión de este mundo complejo. Como diría Edgar Morin: “La información, si está bien transmitida, conlleva a la inteligibilidad”. Ante un mundo complejo la información debe ser compleja; por eso resulta tan preocupante la banalización de los hechos que vivimos todos los días cuando los noticieros, entre más largos, menos dejan porque se concentran en la fragmentación.

Esta película apenas es una muestra cómica de la cruda realidad, una ridiculización de esa supuesta preocupación que pregonan tantos medios de comunicación por la sociedad. ¿Dónde están los héroes de los medios? me pregunto mientras recuerdo “Asesinos por naturaleza” que al final muestra cómo el periodista que ha entrevistado a Mickey pide que no lo maten: “Durante esta huida hemos establecido un vínculo”, dice el pobre. A lo que Mickey responde: “En realidad no. Eres basura Wayne. Lo hiciste por el rating. No te importa nadie, excepto tú mismo”.

Estas películas nos hacen reír con sus parodias pero la realidad, gran provocadora de estas ficciones, a diario nos hace llorar porque las cosas no cambian. Los gallinazos siguen detrás de la carroña, no es fácil que el menú sea distinto, un cadáver fresquito, un drama estupendo valen más que explicaciones y contexto.

desdeelcuarto@gmail.com / @d_aristizabal

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