Por: Javier Moreno

Ciencia a consulta

El año pasado los científicos mexicanos organizaron una consulta ciudadana para discutir cuáles deberían ser las prioridades de la investigación nacional.

La iniciativa, impulsada por la Academia Mexicana de Ciencias, entre otras instituciones, presentaba diez retos generales para la ciencia mexicana hacia el futuro. Durante varios meses, en antesala a la consulta, se organizaron eventos abiertos al público y se publicaron libros para difundir la importancia de los diferentes retos, sus implicaciones sociales y económicas, y sus problemas científicos y tecnológicos inherentes. El objetivo era involucrar en la conversación a tantas personas como fuera posible.

La votación estuvo abierta de noviembre de 2012 a finales de enero de 2013 y participaron cerca de ciento cincuenta mil mexicanos. Los cuatro retos más votados fueron: modernizar el sistema educativo con enfoque humanístico, científico y tecnológico (17%), asegurar el abasto de agua potable para toda la población (15,5%), recuperar y conservar el medio ambiente para lograr una mejor calidad de vida (13,5%) y alcanzar la seguridad alimentaria mediante un campo más productivo (11,5%).

El marco de esta consulta es la Agenda ciudadana de ciencia e innovación para Iberoamérica, un proyecto de cooperación en el que participan España, México, Brasil, Argentina y Colombia. La consulta española fue realizada en 2010 (sus prioridades, en breve: manejo eficiente de energía eléctrica, órganos artificiales, robots para mejorar la calidad de vida y el uso de información genética en tratamientos médicos) y se supone que durante 2013 habrá consultas similares en los tres países restantes. Todavía hay dudas sobre la forma cómo sus conclusiones serán utilizadas (se planea un reporte en octubre durante la Cumbre Iberoamericana en Panamá), pero tal vez el mayor logro de este proyecto, independiente de sus consecuencias en políticas públicas concretas, sería que se establecieran en nuestros países canales abiertos, amplios y permanentes de promoción y discusión de la investigación científica.

Si la ciencia nacional depende de fondos públicos, la opinión de los ciudadanos al respecto debería ser tomada en cuenta. No se trata de hacer demagogia sino de conectar, mediante un intercambio de perspectivas, los intereses de los científicos con las preocupaciones de la gente. La ciencia es una empresa global con potenciales implicaciones locales. Cuando un país apuesta por la ciencia bajo el argumento de que la investigación contribuye a su desarrollo, el gremio científico tiene la responsabilidad de explicar hacia dónde va, con qué criterios administra esa plata y cómo es que su trabajo responde a las necesidades de quienes lo financian.

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