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Javier Moreno 25 Ene 2013 - 11:00 pm

Científicos postergados

Javier Moreno

Sostener el sistema científico requiere el reclutamiento constante de jóvenes motivados y talentosos que apuesten por una vida en la ciencia. Esta apuesta es cada vez más incierta.

Por: Javier Moreno
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Un programa de doctorado implica usualmente entre cuatro y seis años de trabajo y estudio intenso. Tras graduarse, un joven con aspiraciones de convertirse en investigador debe zambullirse en una cadena interminable de contratos temporales llamados eufemísticamente “postdoctorados”. El nombre sugiere falsamente que son niveles adicionales de formación y no trabajos. Esto permite justificar bajos salarios y pocos beneficios laborales.

Unos cuantos tienen éxito. La mayoría renuncia a la academia al cabo de un tiempo. La competencia es altísima, muy exigente y no hay ninguna certeza de que el sacrificio personal que implica valga la pena. Es una vida incompatible con otras aspiraciones comunes como establecerse en un lugar, construir una familia, descansar los fines de semana o dormir más de cinco horas al día.

Se habla poco de esto en etapas tempranas de formación. No es algo que se comente dentro los programas de pregrado ni que se aclare durante la admisión a programas de postgrado. Cada cual lo descubre en su momento, no siempre de la mejor manera. Es conveniente no mencionarlo. La ciencia necesita mano de obra muy calificada pero barata. Hay que optimizar. La masa de estudiantes de postgrado y postdoctorandos todavía idealistas mantiene la pirámide científica en pie pero a pocos en las jerarquías superiores parece importarles gran cosa su futuro. El desperdicio a largo plazo de capital humano es incalculable. Dudo que sea una dinámica sostenible.

En Colombia, donde los programas doctorales apenas se están estableciendo y los grupos de investigación se expanden, este problema es incipiente. Estamos todavía a tiempo de diseñar un sistema de investigación con una estructura no piramidal donde el número de doctorandos no exceda enormemente el número de plazas abiertas para investigadores de planta y aquellos que requiera la industria. Es posible hacer ciencia aprovechando mejor el talento disponible y sin depender de la precariedad laboral y la falta de claridad con los aprendices.

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