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Santiago Gamboa 11 Ene 2013 - 11:00 pm

Clara Rojas y la libertad del arte

Santiago Gamboa

En días pasados, a raíz de mi anterior columna sobre la película Operación E, cuya exhibición en Colombia fue bloqueada por una tutela de Clara Rojas, he sido interpelado por algunos medios de prensa, e incluso por la propia Clara Rojas, lo que me lleva a reflexionar un poco más sobre el contenido de esa acción legal que, según ella, tiene como fin proteger la dignidad, el nombre y la verdad sobre su hijo.

Por: Santiago Gamboa
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    http://www.elespectador.com/opinion/clara-rojas-y-libertad-del-arte-columna-396202
    http://tinyurl.com/d4rs3jl
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Pero entre más lo pienso, más creo que es un flagrante acto de censura y un peligroso antecedente contra la libertad del arte. Que Clara Rojas le prohíba ver el film a su hijo de 8 años, lo comprendo —yo tampoco llevaría al mío de 6—, pero no puedo aceptar que ella quiera prohibirlo... ¡a toda Colombia! El argumento de proteger al hijo no me parece válido, pues la película es para mayores. El mundo está lleno de cosas que le harían daño a un niño y que no están prohibidas, pues no son para ellos. Lo que se prohíbe es exponer a un niño a lo que no le es propio (alcohol, pornografía, violencia, etc.), pero no el libre consumo de eso mismo por parte de adultos. Por eso al interponer esa tutela —cuyo resultado, por supuesto, debe acatarse—, Clara Rojas le niega la libertad a miles de espectadores adultos de ver un film inspirado en un hecho histórico reciente que involucró a Colombia y a Venezuela, que se convirtió en uno de los símbolos de la ignominia de las Farc, que conmovió como pocas cosas a la opinión pública nacional, llevándola a reaccionar por primera vez, y que por lo tanto se salió de la esfera privada, dejó de ser un drama exclusivamente suyo y pasó al dominio público.

Una de las características de las sociedades democráticas —y aquí me dirijo a quien aspiró a la vicepresidencia— es el respeto por las libertades de los demás, incluso de aquellos con quienes estamos en total desacuerdo. Ahí está la gracia: en convivir con lo que a uno no le gusta. Si usted logra que los colombianos no puedan ver Operación E, porque en su opinión es falsa y lesiona la dignidad de su hijo, ¿qué impedirá que mañana alguien interponga una tutela contra otra película o novela por considerar que lesiona derechos étnicos, gremiales, raciales o religiosos? Está abriendo una peligrosa puerta.

Vi Operación E como jurado del Festival de Biarritz y es obvio que el protagonista de la película es Crisanto Gómez, su versión de los hechos, y no el niño. El título habla de una “operación” que lleva la inicial E, pero eso no quiere decir que el niño sea el protagonista. Sinceramente no veo cómo la exhibición del film en Colombia pueda lesionar a su hijo. ¿Teme que sus compañeros de colegio lo vean y se lo digan? No podrán entrar a las salas de cine, pues son menores, y si alguno se empeña usted no podrá evitarlo, pues bastará con que la compren en un país vecino donde sí circulará.

Cuando su hijo crezca y tenga una percepción serena de su vida, le aseguro que le hará mucho bien encontrar otros puntos de vista, pues habrá crecido en un ambiente donde las opiniones y el arte no son objeto de tutelas, sino de debate. Él juzgará por sí mismo, y si considera que la película es mala, podrá expresarlo en público, si le parece, gracias a que en Colombia no existe la censura. Gracias a que siempre se preservó la libertad del arte, a favor de la cual escribo esta columna.

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