Por: Felipe Jánica

Colombia y su carta al niño Dios

En esta época en la que comenzamos a preparar la lista de deseos, y sobre todo a pedir por la paz y la reconciliación y de paso la financiación de la misma, es momento también de reafirmar el compromiso que tenemos con el país del Sagrado Corazón.

Con una correlación casi perfecta pero nefasta entre los precio internacionales de las materias primas colombianas y el la tasa de cambio, la política monetaria colombiana comienza a ponerse color de hormiga. De hecho ya empezamos a padecer una inflación peligrosamente alta, que dicho sea de paso se convierte en el más caro de los impuestos que cualquier ciudadano pueda tener. El inminente anuncio de la FED con relación al incremento de las tasas de interés, coadyuvará a la turbulencia de uno de los principales insumos de la economía colombiana: El dólar. Por esto y por muchas cosas más, la lista de deseos del Gobierno, parece interminable.

A mi juicio uno de los principales pedidos de esta lista, tendrá que ver con la planeación estratégica que el Estado y no los gobernantes, preparen y ejecuten en los próximos veinte años. En esta planeación es primordial que le pidamos al niño Dios por la inclusión de ejecutivos en las diferentes instituciones del Estado. Es que con la participación de ejecutivos en las diferentes juntas directivas de las entidades del Estado, no sólo se le aporta ideas disruptivas sino sirve como veeduría de la transparencia en la ejecución de las políticas derivadas de la planeación estratégica.

Otro de los pedidos es que en esa planeación estratégica se establezcan reformas estructurales del Estado. Esto significa que cualquier reforma que se plantee no sólo debe estar ligada a una reforma tributaria. Por el contrario, cualquier reforma que se establezca como parte integrante de la planeación estratégica del estado colombiano, deberá ser tan innovadora que minimice la financiación del déficit fiscal por parte de los ciudadanos, es decir que cualquier iniciativa deberá autofinanciarse. En este aspecto, las alianzas público privadas, será el mejor mecanismo de financiación, incluyendo el posconflicto.

En materia de transformación profunda de caras al desarrollo económico, la lista de deseos la debe encabezar una reforma en la educación básica primaria, secundaria, técnica, vocacional y profesional. La transformación del modelo de educación en Colombia debe estar ligada a las perspectivas económicas del país, pero sobre todo que promueva el emprendimiento y la innovación. Con ello, se podrá pensar en cambiar la fuerte dependencia del modelo económico colombiano, en los recursos naturales.

Otra de las peticiones en esa larga lista de deseos tiene que ver con la modernización del Estado y de sus instituciones. La profesionalización de los servidores públicos y que éstos se capaciten y sean escogidos por meritocracia, deberá ser uno de los principales aportes los políticos. Si se tiene una voluntad seria de combatir el flagelo de la corrupción, que dicho sea de paso es el pilar más problemático para la competitividad de Colombia según el Foro Económico Mundial, se debe pensar en profesionalizar y especializar a los funcionarios públicos. Por cierto, son muchos los funcionarios públicos que podrían actuar como líderes transformacionales y de paso coadyuvar con el cambio. Por otro lado, cualquier participación constructiva en política por parte de los ciudadanos de a pie, será más que necesaria, pues convertirá a un pueblo mucho más crítico, pero sobre todo uno combatiente de la ausencia de memoria al momento de ejercer su derecho al voto.
 

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