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Oscar Guardiola-Rivera 9 Jul 2013 - 11:00 pm

Tras las elecciones locales mexicanas

La colombianización de México

Oscar Guardiola-Rivera

Las elecciones locales que tuvieron lugar en México esta semana estuvieron plagadas de irregularidades. Varios candidatos fueron asesinados, otros retiraron sus nombres por miedo a convertirse en el próximo objetivo de los violentos. Nadie parece saber con exactitud quiénes son los agentes de esta violencia.

Por: Oscar Guardiola-Rivera
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Es usual escuchar a los funcionarios del partido de gobierno, el PRI, y a la oposición colaboradora del PAN referirse a ellos con términos genéricos como “terroristas” y “narcotraficantes”. Dicho lenguaje explica bien poco acerca de las evidentes motivaciones políticas de la actual ola de violencia en el país, y antes bien, contribuye a la confusión generalizada.

El domingo pasado tanto el PAN como el PRI, efectivos colaboradores en el llamado Pacto de México liderado por el presidente Peña Nieto, declararon haber obtenido la victoria en las elecciones para la gobernación del estado de Baja California.

Al comienzo, los escrutinios del 97% de las mesas dieron una leve ventaja al PAN, que ha controlado el poder en dicho estado desde 1989. Tras haber declarado una ventaja de tres puntos para el candidato del PAN, la representante del consejo electoral anunció que se habían cometido errores en el conteo. Un nuevo conteo tendría lugar esta semana. El PAN ha amenazado con retirarse del Pacto de México. La posibilidad de que el pilar que sostiene su gobierno se venga abajo ha obligado al presidente Peña Nieto a realizar una serie de llamados a todos los partidos para que respeten el resultado de las elecciones y de esa manera demostrar “la fortaleza y validez de la democracia mexicana”.

Al mismo tiempo, Peña Nieto ha declarado que esta es una oportunidad para corregir ciertas fallas en el sistema electoral. Pero lo cierto es que, a pesar del peculiar uso del lenguaje por parte del presidente, lo sucedido esta semana demuestra que la “nueva” democracia es débil y que la validez de sus resultados está en cuestión. Si el escenario de estas “fallas” fuera Venezuela, Bolivia o Nicaragua, dichos países y los medios corrientes de opinión estarían denunciando a voz en cuello los peligros de la izquierda carnívora en el poder.

Ese patrón viene desde la época en que Manuel López Obrador denunció el establecimiento de un “centro” político que excluye otras tendencias por las buenas o por las malas. Entonces, los autodenominados defensores de la democracia en la región guardaron silencio de la misma manera en que lo hacen ahora. ¿Qué tal si, como sucedió en Colombia, la violencia en México se ha convertido en una forma más o menos aceptada de defensa del statu quo?

  • Óscar Guardiola Rivera | Elespectador.com

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